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7 dec√°logos
de escritores

decálogos de escritores Magazín literario
Imagen tomada de Pixabay.

Dec√°logo¬Ľ es una palabra que proviene del griego. Se conforma por ¬ędeka¬Ľ (diez) y ¬ęlogos¬Ľ (palabra). El sustantivo ¬ędec√°logo¬Ľ refiere los diez mandamientos de Dios en la religi√≥n cristiana, y a un conjunto de normas o consejos que se consideran indispensables para alguna actividad. Este conjunto no debe ser necesariamente de diez.

En la literatura, los escritores redactan dec√°logos con dos funciones:

  1. Dar consejos sobre el oficio de escribir.
  2. Hacer literatura.

¬ŅHacer literatura? S√≠, porque algunos dec√°logos son tambi√©n piezas literarias: est√°n redactados con la intenci√≥n de generar un efecto art√≠stico; no son una mera exposici√≥n de normas.

A continuación, presentamos 7 decálogos de importantes escritores. Algunos de estos decálogos son bastante famosos; otros, quizá, será la primera vez que los leas.

Dec√°logo del perfecto cuentista: Horacio Quiroga

Tomada de Infobae.

I

Cree en un maestro ‚ÄĒPoe, Maupassant, Kipling, Chejov‚ÄĒ como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sue√Īes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguir√°s sin saberlo t√ļ mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra ad√≥nde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras l√≠neas tienen casi la importancia de las tres √ļltimas.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: ¬ęDesde el r√≠o soplaba el viento fr√≠o¬Ľ, no hay en lengua humana m√°s palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez due√Īo de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre s√≠ consonantes o asonantes.

VII

No adjetives sin necesidad. In√ļtiles ser√°n cuantas colas de color adhieras a un sustantivo d√©bil. Si hallas el que es preciso, √©l solo tendr√° un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y ll√©valos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo t√ļ lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresi√≥n que har√° tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera inter√©s m√°s que para el peque√Īo ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Decálogo para cuentistas: Julio Ramón Ribeyro

Tomada de Lee Por Gusto.

I

El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.

II

La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real.

III

El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.

IV

La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento.

V

El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.

VI

El cuento debe solo mostrar, no ense√Īar. De otro modo ser√≠a una moraleja.

VII

El cuento admite todas las t√©cnicas: di√°logo, mon√≥logo, narraci√≥n pura y simple, ep√≠stola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresi√≥n oral.

VIII

El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.

IX

En el cuento no deben [sic] haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.

X

El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

Dodecálogo de un cuentista: Andrés Neuman

Tomada de La Hora.

I

Contar un cuento es saber guardar un secreto.

II

Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.

III

El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.

IV

En las primeras l√≠neas un cuento se juega la vida; en las √ļltimas l√≠neas, la resurrecci√≥n. En cuanto al t√≠tulo, parad√≥jicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.

V

Los personajes no se presentan: act√ļan.

VI

La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.

VII

El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.

VIII

La voz del narrador tiene tanta importancia que no siempre conviene que se escuche.

IX

Corregir: reducir.

X

El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.

XI

En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.

XII

Narrar es seducir: jam√°s satisfagas del todo la curiosidad del lector.

Nuevo dodecálogo de un cuentista: Andrés Neuman

Tomada de Uniba.

I

Si no emociona, no cuenta.

II

La brevedad no es un fenómeno de escalas. La brevedad requiere sus propias estructuras.

III

En la extra√Īa casa del cuento los detalles son los pilares y el asunto principal, el tejado.

IV

Lo bello ha de ser preciso como lo preciso ha de ser bello. Adjetivos: semillas del cuentista.

V

Unidad de efecto no significa que todos los elementos del relato deban converger en el mismo punto. Distraer: organizar la atención.

VI

Anillo afortunado: a quien escribe cuentos le ocurren cosas, a quien le ocurren cosas escribe cuentos.

VII

Los personajes aparecen en el cuento como por casualidad, pasan de largo y siguen viviendo.

VIII

Nada m√°s trivial, narrativamente hablando, que un di√°logo demasiado trascendente.

IX

Los buenos argumentos jam√°s pierden el tiempo argumentando.

X

Adentrarse en lo exterior. Las descripciones no son desvíos, sino atajos.

XI

Un cuento sabe cu√°ndo finaliza y se encarga de manifestarlo. Suele terminar antes, mucho antes que la vanidad del narrador.

XII

Un decálogo no es ejemplar ni necesariamente transferible. Un dodecálogo, muchísimo menos.

Dec√°logo del escritor: Augusto Monterroso

Tomada de Literal.

I


Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

II


No escribas nunca para tus contempor√°neos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda ser√°s famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

III


En ninguna circunstancia olvides el c√©lebre d√≠ctum: ¬ęEn literatura no hay nada escrito¬Ľ.

IV


Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

V


Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

VI


Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

VII


No persigas el √©xito. El √©xito acab√≥ con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el √©xito es siempre inevitable, proc√ļrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

VIII


F√≥rmate un p√ļblico inteligente, que se consigue m√°s entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltar√°n ni la comprensi√≥n ni el est√≠mulo, que emana de estas dos √ļnicas fuentes.

IX


Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la √ļnica verdadera sabidur√≠a que puede acompa√Īar a un escritor.

X


Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o m√°s inteligente que t√ļ. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendr√°s que ser m√°s inteligente que √©l.

XI


No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como t√ļ, que careces de ellos, pues de otro modo no intentar√≠as meterte en este oficio.

XII


Otra vez el lector. Entre mejor escribas m√°s lectores tendr√°s; mientras les des obras cada vez m√°s refinadas, un n√ļmero cada vez mayor apetecer√° tus creaciones; si escribes cosas para el mont√≥n nunca ser√°s popular y nadie tratar√° de tocarte el saco en la calle, ni te se√Īalar√° con el dedo en el supermercado.

(En la publicación original, Monterroso da la opción de descartar dos).

Dec√°logo de Margaret Atwood

I

Lleva un lápiz con el que escribir en los aviones. Los bolis gotean. Pero si el lápiz se rompe, no puedes sacarle punta en el avión, porque no puedes llevar cuchillos contigo. Por tanto: lleva dos lápices.

II

Si ambos l√°pices se rompen, puedes hacer un afilado bruto con una lima de u√Īas de metal o de cristal.

III

Lleva algo sobre lo que escribir. El papel va bien. En un aprieto, trozos de madera o tu brazo servir√°n.

IV

Si est√°s usando un ordenador, siempre protege el texto nuevo con un pen drive.

V

Haz ejercicios para la espalda. El dolor distrae.

VI

Mantén la atención del lector (es más fácil que esto funcione mejor si puedes mantener la tuya propia). Pero no sabes quién es el lector, así que es como disparar a los peces con un tirachinas en la oscuridad. Lo que les fascina a unos aburrirá completamente a otros.

VII

Seguramente necesites un diccionario de sin√≥nimos, un libro elemental de gram√°tica y una sujeci√≥n a la realidad. Esto √ļltimo significa: nada es gratis. Escribir es trabajo. Tambi√©n es apostar. No necesitas un plan de pensiones. Otra gente te puede ayudar un poco, pero esencialmente est√°s por tu cuenta. Nadie te obliga a hacerlo: t√ļ lo elegiste, as√≠ que no te quejes.

VIII

Nunca puedes leer tu propio libro con la expectaci√≥n inocente que tienes con esa primera p√°gina deliciosa de un libro nuevo, porque t√ļ la has escrito. Has estado entre bastidores. Has visto c√≥mo los conejos fueron introducidos en el sombrero. Por tanto, pregunta a uno o dos amigos lectores para que le echen un vistazo antes de d√°rselo a nadie del negocio editorial. Este amigo no debe ser alguien con quien tengas una relaci√≥n rom√°ntica, a no ser que quieras romper.

IX

No te sientes en mitad de un bosque. Si est√°s perdido en la trama o bloqueado, desanda lo andado hasta donde te desviaste. Entonces coge otro camino y/o cambia la persona. Cambia el tiempo verbal. Cambia la primera p√°gina.

X

Rezar puede funcionar. O leer otra cosa. O una visualización constante del Santo Grial, que es la versión acabada y publicada de tu resplandeciente libro.

Dec√°logo de Zadie Smith

Tomada de El Tiempo.

I

Mientras seas peque√Īo, aseg√ļrate de leer muchos libros. Dedica m√°s tiempo a la lectura que a cualquier otra actividad.

II

De adulto, intenta leer tu propio trabajo como lo leer√≠a un extra√Īo. O mejor a√ļn, como lo leer√≠a un enemigo.

III

No rodees de romanticismo tu ¬ęvocaci√≥n¬Ľ. O eres capaz de escribir buenas frases, o no. No existe eso del ¬ęestilo de vida del escritor¬Ľ, lo √ļnico que importa es lo que dejas en la p√°gina.

IV

Evita tus debilidades. Pero hazlo sin decirte a ti mismo que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No disfraces tu falta de confianza en ti mismo de desprecio.

V

Deja que pase un tiempo aceptable entre el proceso de escritura y el de edición.

VI

Evita las camarillas, las pandillas y los grupos. La presencia de la manada no har√° que mejores como escritor.

VII

Trabaja en un ordenador que no tenga conexión a Internet.

VIII

Protege el tiempo y el espacio que dedicas a escribir. Mantén a todo el mundo lejos de tu espacio de trabajo, incluso a aquellas personas que son más importantes para ti.

IX

No confundas premios con logros.

X

Di la verdad. A través de cualquier forma en la que se te revele, pero dila. Resígnate a la eterna tristeza que proviene de nunca quedar satisfecho.


Magalico

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