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Literatura afro:
Maletín de relatos pacíficos

En el Maletín de relatos pacíficos, la pedagogía y la literatura salen del aula para recorrer los bosques, vivir el territorio, llevar la academia al territorio no para enseñar, sino para aprender y aprender a enseñar, y la literatura es una de las formas en las que es posible mostrar lo aprendido enseñando. 

Jorge Medina

Maletín de relatos pacíficos

La literatura afro tiene entre sus ejemplares un maletín de relatos pacíficos. En 2016, 23 escritores afrocolombianos oriundos de los cuatro departamentos del Pacífico (Chocó, Cauca, Nariño y Valle del Cauca) realizaron una «inmersión creativa en el Pacífico». La inmersión duró cuatro semanas, cada semana visitaron un lugar por departamento.

Estos escritores vivieron sus experiencias narrativas en Bocagrande, Nariño; Chico Pérez, Cauca; San Cipriano, Valle del Cauca; y Manungará, Chocó. 

Recorrimos el río Mira, nos acercamos a los manglares y nos detuvimos ante el sonido trágico de las motosierras persistentes. Vimos escuelas abandonadas, caseríos sin niños y los ojos extraviados de gente local silenciada por la monotonía hegemónica del relato del orden público nacional […]. Escuchamos el tejido de las mallas de pesca de los hombres del pueblo y comimos la piangua pescada por las mujeres de ese mismo pueblo. Atravesamos la Cordillera Oriental. Sentimos aparecer los ecosistemas secos del valle del río Dagua […]. Cruzamos los ríos Quito, Atrato y San Juan. A veces a pie descalzo, remangados, casi hasta suspender las cabezas. Reímos y bebimos alrededor de las fogatas. Tocamos el agua limpia. Corroboramos la bondad en el corazón de los hombres litoral. (P. 4).

Así describen la inmersión Elizabeth Valenzuela, Juan Cárdenas y Juan Álvarez en el prólogo del Maletín de relatos pacíficos. Estas personas fueron las coordinadoras del Diplomado Pacífico en Escritura Creativa, el espacio en el que se gestó este entramado de experiencias narrativas en el territorio del Pacífico colombiano.

Maletín de relatos pacíficos: el origen

El Maletín de relatos pacíficos se originó en el marco del proyecto Apoyo a la Preparación para REDD+ del FCPF, como parte de la denominada estrategia de comunicaciones para comunidades afrocolombianas y del pueblo negro «El Pacífico habla de REDD+», y se consolidó en el Diplomado Pacífico de Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo. El diseño lo elaboró Estudio Machete, y hay que decir que el trabajo que hicieron con la versión impresa es destacable, es realmente un maletín lleno de relatos; es un concepto muy bien logrado, una adquisición que complace tenerla.

El diseño que logró Estudio Machete con el Maletín es destacable. Esta fotografía es tomada de su página.

¿Qué es el FCPF y la REDD+?

El fondo cooperativo para el carbono de los bosques (FCPF, por sus siglas en inglés) es un fondo de carácter global administrado por el Banco Mundial. Se creó con el objetivo de apoyar a los países que generan políticas para controlar la deforestación y degradación de los bosques. 

El mecanismo para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la deforestación y degradación de bosques, y la conservación, el manejo sostenible de los bosques y aumento de las reservas de carbono (REDD+) se creó con el propósito de atenuar el cambio climático a nivel internacional. Este mecanismo se constituyó a partir de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

En este escenario de conservación del medioambiente se produjo el Maletín de relatos pacíficos.

¿De qué manera el Maletín de relatos pacíficos conjuga con ese propósito medioambiental?

El Maletín es claro en su premisa:

Bajo la premisa de que ese proceso de conservación es inseparable de la construcción de un tejido narrativo, y de que toda cadena trófica es, en definitiva, una red de circulación de historias, nos embarcamos en la tarea de pensar colectivamente cómo volver a relatar los bosques. Sabíamos que, en la coyuntura actual, donde la selva vive bajo amenaza permanente de destrucción, había que repensar desde la narrativa cuestiones como el concepto de conservación y la construcción de los lugares de enunciación: es decir, quién habla, desde qué lugar, qué sujetos históricos son los que están produciendo los relatos y qué implica conservar los ecosistemas. (P. 3).

¿Por qué el Pacífico?

De las diferentes regiones naturales, escogimos el Pacífico, un lugar de extraordinaria riqueza cultural, alta diversidad biológica y abundante agua; también un territorio con altas tasas de deforestación y degradación forestal. (P. 3).

Si bien la premisa es clara, surgieron dudas sobre el procedimiento mediante el cual el lenguaje, los relatos sobre el medioambiente, el propósito de la conservación de los ecosistemas, el territorio y la pedagogía debían constituir el entramado significativo que se expresa mediante la escritura.

La investigación bibliográfica y de repertorios nos condujo a decenas de preguntas estéticas y pedagógicas. ¿De qué modo, por ejemplo, el lenguaje, la literatura, podían ser el acta conjetural de un territorio? ¿De qué modo una caminata por la selva podía convertirse en escenario de taller? (P. 3).

Ciertamente, los interrogantes no son menores. ¿Cómo podría la literatura aportar en la conservación del medioambiente? La literatura es el arte de la palabra, y la palabra es la primera mediadora entre el ser humano y su mundo. Por ende, es posible concebir una fuerza transformadora literaria que se consolide sobre las formas de referirnos a las cosas, en este caso, a los bosques, al entorno natural, aplicada desde el campo del arte. Desde luego, visto así, no se trata ya del arte por el arte. Al respecto, es clave entender la manera en la que se consolidó este proceso al incluir todos estos elementos:

Diseñamos guías de trabajo. Diseñamos ejercicios de creación. Asistimos a charlas con sabedores locales. Recorrimos el bosque húmedo tropical, el manglar, el estero y el río. Abrimos los sentidos al tiempo que operamos una maquinaria ejecutiva sofisticada para cumplir tareas logísticas infinitas: aviones, buses, lanchas, chalupas, taxis, mototaxis, brujitas. Andar a pie. Encontrarnos todos en cielos recónditos de aquella tierra donde el verde y el negro son de todos los colores. (Pp. 3-4).

Allí está el gran signo que es el Maletín: es diseño y planeación; es pedagogía y didáctica; es interacción con el territorio; es conocimiento adquirido con los saberes de la gente que habita el territorio; es conocimiento propio a partir de la experiencia de recorrer el bosque y sus formas; es exploración de los sentidos; es conocimiento que deviene literatura, y literatura que deviene conocimiento.

El Maletín y el territorio

Como bien se lee, la noción de «territorio» es fundamental en esta creación. Expresa Juan Cárdenas, en el manifiesto estético del Maletín, lo siguiente:

Un texto es un territorio. Un territorio es siempre la crítica de un territorio. La crítica consiste en levantar el mapa de un territorio. El mapa es un modelo teórico de conocimiento, no una representación exacta del territorio. Un territorio es irrepresentable.
Pero es posible recorrer un territorio. Es posible oler un territorio. Es posible comerlo. Es posible observarlo. Y, en definitiva, es posible levantar acta conjetural de un territorio. Eso es la literatura.
[…]
Leer es recorrer el territorio.
Escribir es volver a recorrer el territorio.
La literatura es un reconocimiento del terreno. (Pp. 7-8).

El Maletín refiere ese territorio, nos permite verlo, verlo como se ve al mapa, y el mapa es «un modelo teórico del conocimiento». La idea de la irrepresentabilidad del territorio radica en el hecho de que todo aquello que es parte del territorio no lo contiene, sino que es el territorio explayado sobre sí mismo, pluriforme. Los mapas definen fronteras, no territorios en su noción cultural. 

La idea de la irrepresentabilidad del territorio radica en el hecho de que todo aquello que es parte del territorio no lo contiene, sino que es el territorio explayado sobre sí mismo, pluriforme.

La literatura es, quizá, la mejor forma de recorrer el territorio desde la distancia, pues la lengua es aspecto central de la cultura. Este maletín fue escrito por quienes recorrieron, olieron, comieron y observaron el territorio. Si bien cuatro semanas es poco, y no se le puede equiparar a la literatura que florece propiamente como parte de ese territorio, esta aproximación dota al Maletín de un significado especial. Insisto: es la conjugación del lenguaje, los relatos sobre el medioambiente, el propósito de la conservación de los ecosistemas, el territorio y la pedagogía.

El Maletín y la pedagogía

La conjugación de elementos de la que aquí se habla fue posible gracias a la concepción de pedagogía que sirvió como punto de anclaje de tales elementos. ¿Por qué la pedagogía? Porque comprende el aprendizaje, la razón de aprender y la validez de las formas de conocimiento.

No es por azar que el Maletín tenga, además de un manifiesto estético, un manifiesto pedagógico:

Hubo un tiempo en que el escenario pedagógico se confundió con el escenario expositivo: el salón de clase como cúmulo de asientos para oír la voz única del maestro. Hoy la sospecha es distinta: en el escenario de encuentro lo que debe oírse es el murmullo tumultuoso de todas las voces presentes. A veces por turnos; u orientados por un protocolo de discusión; o por una guía de astucias; o arrojados a la solución de una tarea situada. (P. 9).

Ya debería estar superada esa concepción de la enseñanza como transmisión mecánica de conocimiento en el salón de clase. No se aprende solamente allí en el marco de la institucionalidad, sino también en la diversidad de escenarios vitales y en compañía del «murmullo tumultuoso de todas las voces presentes». Se deben adquirir competencias para la vida dentro y fuera del aula, y, sobre todo, considerando las especificidades del entorno. Aquí a muchos les resuena una palabra: etnoeducación.

Para el caso de la relación entre la «educación medioambiental» y la unidad de compresión del mundo llamada «relato», tal núcleo [el núcleo de la razón del encuentro] es necesariamente una moralidad: los deberes y esperanzas de los seres vivos ante la naturaleza. (P. 9).

En el Maletín de relatos pacíficos, la pedagogía y la literatura salen del aula para recorrer los bosques, vivir el territorio, llevar la academia al territorio no para enseñar, sino para aprender y aprender a enseñar, y la literatura es una de las formas en las que es posible mostrar lo aprendido enseñando. 

«Enseñar» es también indicar, señalar, apuntar. Enseñando se muestra lo que muchos no han visto, lo que ignoramos porque estamos aparentemente distantes y no hemos tenido dónde ver. La literatura es una ventana por la que se ve hacia afuera y hacia adentro a la vez.

Aquí puedes consultar y leer el Maletín de relatos pacíficos. Descárgalo en la página oficial de Estudio Machete.