• Categor铆a de la entrada:Cuento

El gato
de papel

El animal intent贸 escapar y se golpe贸 la cabeza contra la pared. Dayana dio un grito, se abalanz贸 sobre 茅l y logr贸 agarrarle una de las patas traseras. El gato gir贸 el torso y le clav贸 las u帽as en el brazo.

Antonio Jos茅 Hern谩ndez Montoya

Cuento de gatos 1
Tomada de Pixabay

El animal intent贸 escapar y se golpe贸 la cabeza contra la pared. Dayana dio un grito, se abalanz贸 sobre 茅l y logr贸 agarrarle una de las patas traseras. El gato gir贸 el torso y le clav贸 las u帽as en el brazo. Ella lo empuj贸 contra el muro, le puso la mano en el cuello, lo desliz贸 por la pared hasta dejarlo en el piso y se arrodill贸 a su lado. El animal se sacud铆a, as铆 que el veterinario ayud贸 a inmovilizarlo y le hundi贸 la aguja en el muslo. El gato chill贸 y dej贸 de moverse. Dayana ten铆a l铆neas rojas en todo el brazo.

El veterinario le dijo que se echara alcohol. Le pregunt贸 por el nombre del gato, se llamaba Romeo, igual que el de los Montesco. El hombre lo acarici贸, lo levant贸 del suelo y lo puso sobre la mesa del comedor. El esposo de Dayana, que era mensajero, los mir贸 desde la sala; se acerc贸 con el celular para tomarle una fotograf铆a al gato. Dayana movi贸 la cabeza de izquierda a derecha con el ce帽o fruncido.           

Las manos enguantadas del veterinario estaban sobre Romeo, que parec铆a un trapo. Dayana se apretaba las manos para que no le temblaran. El veterinario hizo una incisi贸n en el escroto, al fondo se ve铆a una masa brillante. El mensajero sonri贸 al pensar que Romeo sufrir铆a. Le alegraba que no habr铆a m谩s noches consolando a su esposa cuando el animal tardara en regresar, no m谩s maullidos ni peleas en el techo a la madrugada, no m谩s medicamentos caros para curarle las heridas. El veterinario termin贸 pronto, le aplic贸 un l铆quido espeso y se quit贸 los guantes.

Las manos enguantadas del veterinario estaban sobre Romeo, que parec铆a un trapo. Dayana se apretaba las manos para que no le temblaran

Romeo ten铆a la lengua afuera y los ojos desorbitados. El mensajero lo contempl贸 con detenimiento, descubri贸 que mov铆a espasm贸dicamente una de sus patas traseras. Era grande y fuerte. No dejar铆a descendencia, no habr铆a m谩s gatos amarillos que continuaran su linaje e hicieran suspirar a su esposa. Dayana se acerc贸 al gato y le susurr贸 que lo amaba. El mensajero quiso tomarle otra foto, pero ella estir贸 el brazo y se lo impidi贸 arrebat谩ndole el celular. Mientras les entregaba los medicamentos que deb铆an darle cada ocho horas por dos d铆as, el veterinario les dijo que todo hab铆a salido bien.  

Tambi茅n les record贸 el precio de la cirug铆a. Dayana mir贸 a su esposo, que permaneci贸 indiferente. Molesta, camin贸 hasta la habitaci贸n de donde hab铆a sacado a Romeo para buscar su bolso. Pag贸 y acompa帽贸 al veterinario a la puerta. El gato intent贸 levantarse, pero las extremidades no le respondieron y cay贸 de cabeza. Entre risas, el mensajero se apresur贸 a levantarlo antes de que Dayana regresara. 

***

El mensajero cierra la puerta de un golpe y camina hacia el refrigerador. Necesita una cerveza. Piensa que esos imb茅ciles no son capaces de solucionar nada: llenar el reporte y esperar dos d铆as le resulta inaceptable; dos d铆as m谩s con las manos as铆 de temblorosas. Imposible. Tiene el cuello brillante por el sudor. Tal vez alguien la tenga atrapada, alg煤n enfermo o un criminal que quiera dinero. Intenta tranquilizarse, se dice que debe haber otra explicaci贸n y que ella est谩 bien.  

Llega al refrigerador y lo abre. Encima del sixpack de cervezas encuentra un gato de origami de papel amarillo, el color de Romeo, y recuerda que antes de irse a sus clases de literatura Dayana sol铆a regalarle figuras con mensajes al reverso. Le da la vuelta al gato y lee la nota.  

***

Despert贸 adolorido y tiritando. A煤n no se acostumbraba a dormir en el sof谩, pese a tener que hacerlo cada que discut铆a con Dayana. La noche anterior ella volvi贸 a criticar su trabajo y le dijo que no entend铆a eso de repartir paquetes por un sueldo de mierda que no los dejaba vivir bien; 茅l le contest贸 que ese oficio de mierda era lo 煤nico que lo hac铆a feliz, que ella era una  escritora fracasada, y est煤pida milenial que no quiere tener hijos.  

La noche anterior ella volvi贸 a criticar su trabajo y le dijo que no entend铆a eso de repartir paquetes por un sueldo de mierda que no los dejaba vivir bien

El mensajero se levant贸 y acarici贸 a Romeo. Lo recogieron de la calle cuando parec铆a una rata. El animal ronrone贸 como un carro viejo. El hombre se alist贸 y antes de irse entr贸 a la habitaci贸n donde dorm铆a Dayana. Le toc贸 el hombro. Ella murmur贸 algo incomprensible. Ten铆a mal aliento. La sacudi贸 con m谩s fuerza. Dayana abri贸 los ojos y frunci贸 el ce帽o.

鈥昅e voy a trabajar, amor. 驴Te parece si hablamos cuando vuelva?

Ella dio la vuelta y se cubri贸 por completo con la cobija. El mensajero la contempl贸 por varios minutos. Tal vez hab铆a vuelto a quedarse dormida y sonre铆a; de seguro se trataba de un buen sue帽o, uno de esos sue帽os que duele abandonar. Le quiso dar un beso, pero prefiri贸 no despertarla. Romeo estaba echado junto a la puerta. El mensajero se agach贸 para acariciarlo y le dijo adi贸s.

***

Estuvo encima de su esposa hasta que un temblor le recorri贸 el cuerpo. Despu茅s se acost贸 bocarriba en la cama y exhal贸 una bocanada de aire caliente. La piel de Dayana se impregn贸 de sudor; el peso del hombre hizo que le doliera el pecho. La mir贸 de reojo para comprobar si hab铆a sido suficiente para ella, y not贸 su mirada despierta y fija en el asiento de madera ubicado frente a la cama. Romeo estaba abollonado en 茅l, con los ojos cerrados. Ten铆a el pelo erizado y parec铆a m谩s peque帽o.

鈥暵縑os ya lo hab铆as visto?

Ella asinti贸. 

鈥暵縔 por qu茅 putas no dijiste pa鈥 sacarlo?

鈥昇o grit茅s. 驴No ves que est谩 enfermo?

鈥昑e he dicho que no me gusta que nos vea.

鈥昇o se va a traumar, sab茅s. No es para tanto.

***

La mujer se levant贸 de la cama, tom贸 a Romeo y volvi贸 a acostarse con el animal en su regazo. Lo acarici贸 con lentitud, con ternura, una y otra vez. El hombre se sinti贸 hipnotizado por el movimiento de la mano y el ronroneo del gato. Comenzaba a excitarse, pero Dayana habl贸. 

鈥昑u pap谩 no te quiere.

鈥昑e he dicho que no me gusta que dig谩s eso. 

鈥昑u pap谩 no te quiere, ni帽o.

鈥暵縑as a seguir?

La mujer suspir贸.

鈥昅a帽ana te llevo a que te curen y pago con mi plata, como siempre. 

El mensajero guard贸 silencio.

***

Regres贸 de trabajar a las tres de la tarde. Fue f谩cil entregar la correspondencia de ese d铆a porque las direcciones eran cercanas entre s铆. Tocaba las puertas con la mano hecha un pu帽o, anotaba la informaci贸n del destinatario y luego le entregaba la encomienda; la persona le agradec铆a y entraba a casa con el paquete entre las manos. Con frecuencia ve铆a mujeres con poca ropa o en pijama. Lo que no le gustaba era el sol, ni las mangas largas ni la gorra proteg铆an lo suficiente. La piel se irritaba y adquir铆a un desagradable ardor. 

Abri贸 la puerta. Entr贸 la moto hasta la sala y camin贸 hacia la habitaci贸n. Llam贸 a Dayana, pero ella no dio se帽ales de estar en casa. Revis贸 el celular. No hab铆a mensajes, ni una palabra durante el d铆a. Tal vez estaba quej谩ndose con alguna amiga, insult谩ndolo con una cerveza en la mano. Romeo no estaba en el sof谩.   

Llam贸 a Dayana, pero ella no dio se帽ales de estar en casa. Revis贸 el celular. No hab铆a mensajes, ni una palabra durante el d铆a

El agua fr铆a de la ducha fue reconfortante, hubiera podido entregar paquetes durante otras seis horas. Dayana todav铆a no llegaba. Tal vez estuviera borracha. Le ofrecer铆a una disculpa apenas la viera. Fue a la cocina y prepar贸 la cena. Dieron las ocho. Busc贸 rastros de su paradero en todos los cajones de la mesita de noche. No encontr贸 ni el cup贸n de alg煤n restaurante, ni la publicidad de un evento gratuito o una nota contando a d贸nde se dirig铆a. Nada.

La llam贸 tres veces. 驴Irse sin avisar? Qui茅n se cre铆a. La llam贸 tres veces; busc贸 el perfil de Dayana en redes y le escribi贸 a algunos de sus contactos; los pocos que contestaron no sab铆an d贸nde estaba. De la habitaci贸n sali贸 con el coraz贸n acelerado. Estuvo una hora rastreando pistas en la biblioteca y en los estantes; desorden贸 las facturas y las f贸rmulas m茅dicas que guardaban en carpetas rotas. El lugar parec铆a saqueado. Con la respiraci贸n agitada y las manos temblorosas, se dej贸 caer sobre el sof谩 y contempl贸 la puerta hasta largas horas de la noche. 

Despert贸 a las cinco de la ma帽ana y fue a la habitaci贸n. Maldijo la vida. No ir铆a al trabajo ni estando loco, no hasta que Dayana volviera. Llam贸 y dijo tener problemas familiares; respondieron que alguien lo cubrir铆a, que ese d铆a no ser铆a pago y que ojal谩 sus inconvenientes se solucionaran pronto. Pregunt贸 a los vecinos si la hab铆an visto. Las respuestas fueron negativas. Romeo tampoco estaba. Entonces se dijo que era probable que el gato se hubiera enfermado y ella lo llevara al veterinario. Tom贸 la moto y emprendi贸 el viaje. 

鈥暵縔 mi mujer? 鈥昿regunt贸 en el consultorio veterinario. 

No lo comprendieron. Repiti贸 la pregunta. El veterinario dijo que no la ve铆a desde la castraci贸n del gato. El mensajero subi贸 a la moto y manej贸 sin destino fijo, confundido. Lo 煤nico que se le ocurri贸 fue ir a la polic铆a.  

***

El mensajero suelta r谩pido el gato de papel. Experimenta el vac铆o y la decepci贸n de quien recibe una carta de amor en blanco; se sienta en el suelo con el fr铆o sixpack sobre las piernas, los ojos un tanto nublados y el coraz贸n agitado. Agarra una de las cervezas, pero no se le antoja beberla. Desea escuchar el ronroneo de Romeo, que se le eche al lado y lo acompa帽e. Le gustar铆a que al reverso del gato de papel hubiera una afirmaci贸n de cari帽o o una promesa de regreso; cualquier frase menos esa que Dayana escribi贸 con un bol铆grafo de tinta negra para trazar sus destinos. El mensajero sue帽a con que al interior haya un mensaje m谩s largo y deshace la figura, pero la p谩gina est谩 limpia; se queda con la hoja amarilla entre las manos sin saber c贸mo rearmar el gato de papel.

Procesando鈥
隆Lo lograste! Ya est谩s en la lista.

Queremos contarte historias por un tiempo m谩s. Puedes dejar tu huella, pisar fuerte o hacer historia en este proyecto editorial. 隆Te agradecemos!


Magalico

Literatura diversa para todo tipo de lector. Ocio, pedagog铆a, creatividad, reflexi贸n e investigaci贸n. Somos profesionales en literatura.