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Generación mutante: narradores colombianos

Jorge Medina

Orlando Mejía Rivera, en La generación mutante: nuevos narradores colombianos (2002), nos expone las características literarias de un grupo de escritores a los que vincula con el término de «mutantes»Esa generación, la «generación mutante», se ha cimentado sobre la construcción de una literatura basada en la experiencia de una sociedad que ya nada tiene que ver con la Aracataca de Gabriel García Márquez.

Generación mutante: ¿por qué los llama así?

Mejía menciona tres contextos donde se emplea el término:

En el discurso biológico, mutante es el ser que se transforma a partir de diversos contenidos que asimila hasta lograr una variación significativa. Es una transformación genética, una hibridación de especies. La generación mutante hibrida géneros, códigos culturales, supera los límites canónicos.

En el cómic, los mutantes son seres poderosos, superiores al poder físico y psíquico del ser humano común. Son el resultado de adherencias híbridas que los constituyen en cuerpos con mayores habilidades a las de un cuerpo normal; por ejemplo, Los mutantes y X-Men de Marvel.

En los años ochenta, los jóvenes estudiantes llamaban «mutantes» a los que ahora llaman «nerds chéveres». Estos son los interesados por el estudio de la cultura, por la academia, consumidores del conocimiento que, además, son buenos deportistas, bailarines, cantantes, etc. Sus espacios de esparcimiento para el goce intelectual y para el goce de la vida social no se restringe al estereotipo bohemio de los que solo charlan en cafés y se embriagan porque no pueden con el peso mortal del poeta maldito.

Hay una cuarta connotación del término:

El cuarto, y último, sentido que se le quiere dar al término toma su metáfora del campo lingüístico, donde una mutación o cambio fonético es un salto sin etapas intermedias, un salto abrupto, que llevado al marco socioantropológico se convierte en un giro epistémico y simbólico (Mejía, 2002, p. 48).

¡Un salto sin etapas intermedias! Esta generación dio un brinco en la tradición literaria, saltó de ese afluente repetitivo.

Y agrega:

Esta generación ha tenido una mutación simbólica en relación con su espacio geográfico y con lo que entiende por sus raíces autóctonas. Existe un desarraigo profundo respecto a los valores tradicionales que definen, o intentan definir, el “ser colombiano” y se genera una narrativa cosmopolita nacida, en buena parte, de la sensación de pertenecer a cualquier lugar del planeta y, a la vez, de no ser de ningún lado (p. 48).

La generación mutante y Gabriel García Márquez

La literatura de estos escritores les pertenece como producto de la experiencia propia y no de la ajena. La obra garciamarquiana es el resultado de un contacto cultural determinado que dotó a su literatura de elementos, a juicio de muchos, mágicos por ser extraños, razón por la que se le impone la etiqueta del realismo mágico. La obra de los escritores «mutantes» es el resultado del distanciamiento de esa concepción de mundo para volcarse sobre la propia: la del mundo posmoderno.

Cien años de soledad, la obra más reconocida del nobel colombiano, contiene los grandes tópicos de su literatura. Uno de los más fáciles de rastrear es el sueño.

Cuando llega a Macondo la peste del insomnio, se dice:

En ese estado de alucinada lucidez no sólo veían las imágenes de sus propios sueños, sino que los unos veían las imágenes soñadas por los otros (Capítulo III de Cien años de soledad).

Aquella extraña concepción del sueño, como un espacio compartido, aparece en cuentos como «Ojos de perro azul» (1950), «La viuda de Montiel» (1962), «Me alquilo para soñar» (1980) y en novelas como Del amor y otros demonios (1994), entre muchos otros claros ejemplos de su obra literaria. Y aunque mi propósito ahora no es el de referirme al hecho de que la obra garciamarquiana es producto de la influencia wayuu, debo decir que esas características particulares del mundo onírico corresponden al imaginario del wayuu.

En una entrevista a Michel Perrin, etnólogo francés e investigador de la cultura de los indígenas guajiros, se evidencian aquellas características del sueño que tan mágicas resultan en la literatura de Gabo (Moreno, 1994). ¿Pero hubo, realmente, un contacto entre esa comunidad y Gabriel García Márquez? Claro que la hubo. El escritor nos dice:

La casa de Aracataca estaba llena de guajiros […] indios guajiros, no de habitantes del departamento de la Guajira. Eran gente distinta, que aportaba un pensamiento y una cultura a esa casa que era de españoles, y que los mayores no apreciaban ni creían. Pero yo vivía más a nivel de los indios, y ellos me contaban historias y me metían supersticiones, ideas que yo notaba que no tenía la abuela –porque ella tenía otras, pero eran completamente católicas, más ligadas a ese culto católico de la muerte, porque es una religión que está hecha para no ser feliz sino en la muerte, y no hay que preocuparse de cuando se arregla esto (G. G. M, citado en: Moreno, [60-61], p. 59).

Ahora bien, la generación mutante es la generación de los distanciados. Piense, por ejemplo, que Gabo es el sol que iluminó por mucho tiempo la pradera de la literatura colombiana. Después de Gabriel García Márquez, los escritores quisieron utilizar la experiencia del nobel para hacer literatura. El resultado es un conglomerado de sombras, de escritores que no dejaron de mirar al sol y acabaron cegados, impidiéndose la posibilidad de ver otras realidades.

Los escritores de la generación mutante sacaron el parasol para que la luz de ese genio no los cegara; de esta manera, la literatura colombiana se abrió a nuevos caminos que ya no reposan, necesariamente, en el jardín de sueños mágicos plantado en Macondo.

Después del éxito de Gabo, la siguiente generación de escritores se perdió en el ensueño garciamarquiano, empleando las memorias prestadas del escritor de Aracataca para construir unas páginas literarias que no eran propias, sino anexos apócrifos de la obra de Márquez. Curiosamente, los escritores que buscaron marcar una diferencia directa frente a la obra del nobel también son un producto claro de la determinante influencia del escritor. Esa es la llamada generación perdida que menciona Mejía:

La denominada Generación perdida se perdió, precisamente, porque nunca se conectó con su propio pasado, pues sus recuerdos jamás lograron atravesar, indemnes, el olor de la guayaba y las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia (Mejía, 2002, p.35).

Nueva generación de escritores colombianos

La nueva generación, la que le da forma a la nueva narrativa colombiana, obedece a la actitud de un grupo de escritores que sacaron el parasol para observar al fondo de la calle. Allí, en esa esquina próxima, se encuentran todas las posibilidades de la vida urbana.

Lo novedoso, dice Mejía, corresponde al encuentro con un «mundo literario postmacondiano». Lo novedoso, entonces, es que el «mundo literario postmacondiano» es el mundo social posmoderno. Cuando esta generación decidió abrir la sombrilla, pudo contemplar su entorno inmediato y utilizarlo para contarlo, para darle origen a una nueva literatura.

Pero ¿qué es la posmodernidad? Zygmunt Bauman (2009) utiliza otro término: «modernidad líquida»Con este pretende metaforizar una etapa de la vida social en la que los sólidos se han derretido, y entiéndase por sólidos todas las instituciones y valores que aquellas promulgaban. Anthony Giddens (1999) se niega al empleo del término posmodernidad porque considera que no se está entrando en un nuevo período:

Nos estamos trasladando a uno en que las consecuencias de la modernidad se están radicalizando y universalizando como nunca (p. 17).

¿qué es la modernidad? Mejía nos da luces al respecto:

La modernidad se entiende como el proyecto filosófico-político que nació en el siglo XVIII en medio de los ideales de la Ilustración, el cual atribuye a la racionalidad humana la capacidad de crear una sociedad de hombres libres, a través del progreso de la ciencia, la técnica y la economía. El proyecto de la razón ilustrada está íntimamente relacionado con la idea de democracia, secularización, progreso, libertad, ideas universales, historia y pensamiento positivista (2008, p.95).

La razón y el progreso son los términos clave para comprender dicho proyecto, el cual da forma a los llamados metarrelatos, que según Lyotard (1987) son destruidos por la posmodernidad:

Mi argumento es que el proyecto moderno (de realización de la universalidad) no ha sido abandonado ni olvidado, sino destruido, “liquidado” (p. 30).

Giddens, aunque está en desacuerdo con Lyotard, reconoce que en la sociedad impera la sensación de incertidumbre:

Nada puede saberse con certeza, dado que los preexistentes “fundamentos” de la epistemología han demostrado no ser indefectibles; que la “historia” está desprovista de teleología, consecuentemente ninguna versión de “progreso” puede ser defendida convincentemente; y que se presenta una nueva agenda social y política con una creciente importancia de las preocupaciones ecológica y quizás, en general, de nuevos movimientos sociales (Giddens, 1999, p. 52).

Por lo tanto, independientemente de si aceptamos o no el término de posmodernidad, de si estamos o no viviendo las consecuencias de la modernidad, vistas como una extensión del proyecto original y no como una aniquilación de dicho proyecto, lo cierto es que habitamos una etapa de la vida social donde abundan unas características específicas.

Estas características son interiorizadas por los escritores de la generación mutante.

Características de la generación mutante: el contexto social

Carlos Monsiváis, en su ensayo Del rancho al internet (1997), nos expone una serie de cambios culturales que determina bajo el concepto de migraciones culturales, todas representantes de una nueva forma de vida social. Entre ellas se destacan, por ejemplo:

  • “La explosión demográfica de credos”.
  • Las nuevas concepciones de los masculino y lo femenino.
  • El reconocimiento público de la mujer como sujeto que desea y no ya como objeto de deseo.
  • El desplazamiento de la vida privada a la confesión pública frente a las cámaras.

Todas estas migraciones culturales constituyen un distanciamiento de los valores tradicionales. Puesto que la literatura muestra, entra tantas otras cosas, un compendio de valores de una sociedad determinada, pues esas transformaciones culturales se empiezan a manifestar en los escritores cuando depositan la mirada en su contexto, no ya directamente en la sociedad escrita en la tradición literaria.

Cuando los «mutantes» volcaron la mirada sobre la calle, vieron los avisos publicitarios de coca-cola y las nuevas formas de volar, que nada tiene que ver con colgar una sábana blanca en un patio de Macondo:

En nuestro McOndo, tal vez como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados (Fuguet y Gómez, citado en Mejía, 2002, p. 54).

Luego, al volver a casa, se encontraron con la cultura popular de masas que se proyecta desde el televisor. Por eso, la generación mutante puede dejar a un lado las relaciones intertextuales para establecer relaciones intervisuales o entre marcas publicitarias, porque:

El mundo se empequeñeció y compartimos una literatura bastarda similar, que nos ha hermanado irremediablemente sin buscarlo. Hemos crecido pegados a los mismos programas de televisión, admirado las mismas películas y leído todo lo que se merece leer, en una sincronía digna de considerarse mágica (Fuguet y Gómez, citado en Mejía, 2002, p. 54).

Es así como tenemos a un Chaparro Madiedo separándose del canon y publicando un artículo de prensa con la forma de una ficción, en la que se establece un diálogo con un personaje de televisión, y en la que se resaltan los valores individuales, la libertad, la independencia, el desapego de las normas. ¿Y quién no conoce a Bart? Oye Bart:

Sales de clase, después de aguantar ocho horas con las nalgas aplastadas en un frío asiento, y te diriges a tu barrio, a tu casa. Pasas por el paradero del bus. Vas sonriente. Vas con el sol en tus huesos, en tu sangre. En tu interior sabes que eres la cosa más salvaje que ha producido Springfield. […] Eso es lo que más me gusta de ti. Tu forma salvaje de ser. Te importa un culo esa vida aburrida de Springfield, esa ciudad neurótica del país más neurótico del planeta (Chaparro, 1992).

Es así como tenemos, aunque ya no en Colombia (en México), un relato donde se pretende explicar el concepto de posmodernidad a una puta, porque vivimos en la aldea global y lo mismo pasa aquí que en México, y todos los representantes de las clases sociales pueden encontrarse por azar (o ya no por azar) alrededor de un «carrito de hot dogs»:

Mientras comía mi hot dog, la anciana se acomodó sobre un diminuto banco de madera y de la bolsa de su delantal extrajo un libro de Jean Baudrillard, que tenía un separador en la hoja 126 (Fadanelli, p. 12).

Este escritor mexicano muestra en su relato lo que el escritor colombiano pudo contemplar cuando tomó la decisión de abrir el parasol. Dejó de ver lo que la tradición literaria le había iluminado para centrarse en las imágenes de su entorno inmediato, de su vida cercana, de las experiencias contemporáneas en su propia sociedad y bajo el filtro de su propia psicología.

En conclusión, ¿cuáles serían algunas de las características de la generación mutante?

Características de la literatura de la generación mutante

  • Es una generación de escritores que se separa de lo que se considera la tradición literaria colombiana. No hay temas vedados para estos escritores por el hecho de ser colombianos; es decir, todo es susceptible de ocupar las páginas del pensamiento y de la literatura. Por supuesto, esa globalidad puede hibridarse con la localidad, sin inconvenientes fronterizos.
  • Su literatura se cimienta sobre las experiencias personales en su entorno inmediato. No se trata ya de mirar al pasado, sino de ver la vida propia y las circunstancias actuales para referirlas en las obras. Esto produce un fenónemo interesante: una ruptura (en mayor o menor medida) entre los límites de lo que Mejía llama «la cultura popular y de lo urbano». ¿Qué es lo que sucede con lo popular y lo urbano? Que estos escritores se expresan tanto de lo tradicional como de lo moderno, hibridando (palabra clave) los contenidos locales con las experiencias globales del cine, la televisión, la publicidad y la relevante presencia del internet
  • Es una literatura creada en el contexto de la llamada posmodernidad. Si bien el concepto de la posmodernidad es conflictivo, no se debe desconocer que hay una suma de rasgos propios del mundo globalizado que influyen en la literatura de la generación mutante, rasgos que obedecen a una novedosa forma de las relaciones sociales e intersubjetivas en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, Mejía menciona que esta generación es dueña de un «escepticismo ideológico e ironía crítica». Estos «mutantes» no poseen (aunque no puede generalizarse) un compromiso ideológico o político fuerte en el interior de sus obras literarias. Su literatura no es un mecanismo de ascenso político y social. Muchas de las fronteras establecidas con el discurso de la modernidad se ven quebradas o hibridadas, como expresión del reconocimiento de una pluralidad de significados..
  • Puesto que la literatura de la generación mutante se crea en relación con el entorno inmediato, con la nueva dinámica de las relaciones intersubjetivas en el mundo contemporáneo (posmoderno, de modernidad líquida, de consecuencias de la modernidad, etc.), sus temas expresan diversas transformaciones en el campo de los géneros literarios, de la condición del ser masculino o femenino, de la importancia de la vida privada y la experiencia personal frente al arrollador embate de la historia oficial, etc

Escritores de la generación mutante

Orlando mejía Rivera menciona los siguientes escritores de la generación mutante:

  • Julio César Londoño.
  • Rigoberto Gil Montoya.
  • Santiago Gamboa.
  • Octavio Escobar Giraldo.
  • Philip Potdevin.
  • Héctor Abad Faciolince.
  • Jorge Franco Ramos.

Documentos citados

Bauman, Z. (2009). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Chaparro Madiedo, R. (1992). Eres un Bart-Baro total. La prensa, Bogotá, 25 de julio, p. 8.

Fadanelli, G. (s. f.). La posmodernidad explicada a las putas. En El día que la vea la voy a matar.

García Márquez, G. (1967). Cien años de soledad. Suramericana.

Giddens, A. (1999). Las consecuencias de la modernidad. Alianza Editorial.

Mejía Rivera, O. (2002). La generación mutante: nuevos narradores colombianos. Editorial Universidad de Caldas.

Mejía Rivera, O. (2008). La polémica entre modernidad y posmodernidad. En La muerte y sus símbolos. Muerte, tecnocracia y posmodernidad. Universidad de Antioquia, Medellín.

Monsiváis, C. (1997). Del rancho al internet.

Moreno Blanco, J. (1994). Entrevista con Michel Perrin. Viajes de las almas, prácticas del sueño. Huellas, Revista de la Universidad del Norte (41).

Moreno Blanco, J. La cepa de las palabras. Intercambio lenguajero Wayúu y continente biográfico garciamarquiano. Huellas, Revista de la Universidad del Norte (60-61).