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Marilyn Monroe en el ojo de Truman Capote: el simbolismo en el nuevo periodismo

El simbolismo es una cualidad trascendental de la historia; es decir, un significado que no se agota ni depende absolutamente de ella. Lo simbólico es trascendental porque corresponde a la condición humana, lo que significa que hay un sentido (más o menos) universal, compartido como rasgo vital de nuestra especie.

Jorge Medina

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La literatura, el periodismo y la condición humana

Se repite sin afugias que la literatura debe mostrar la condición humana. Se dicta como una disposición irrefutable. Sin embargo, la expresión guarda en toda su aparente simpleza la dificultad de un oficio. No se puede escribir sobre cualquier cosa, ni de cualquier manera, si el objetivo es manifestar lo que llamamos condición humana. ¿Cómo definir esta condición? ¡Nada fácil! Mi manera de entenderla es imaginando una delgada frontera entre la fortuna y el infortunio de habitar entre dos extremos: el nacimiento y la muerte. La condición humana es la tensión en esa frontera.

Si uno de los deberes de la literatura es referir la condición humana, lo que debe expresar es la honesta gloria y la pena honesta de vivir. La literatura como arte es el tejido de los hilos de la cotidianidad que revela los interrogantes de nuestra existencia y las posibles respuestas, los aciertos y desaciertos de la decisión individual que lucha como una mosca en la maraña de decisiones ajenas y fortuitas. La literatura es una de las más bellas formas del narcisismo.  

Contar lo que nos pasa en esa tensión entre la vida y la muerte no es fácil. En la cotidianidad los hilos se extienden, se juntan y se separan por una multitud de intervenciones desconocidas; le corresponde al escritor encontrar los hilos y enhebrar su aguja, después de ser pinchado por la inquietud. Tejer es el gran oficio del escritor de literatura. No solo escribe, teje; tejiendo da forma a un mundo sobre el mundo. Los escritores se distinguen por la soltura o el aprieto de sus nudos, entre otros detalles textiles. 

Tejer es el gran oficio del escritor de literatura. No solo escribe, teje; tejiendo da forma a un mundo sobre el mundo. Los escritores se distinguen por la soltura o el aprieto de sus nudos, entre otros detalles textiles. 

¿Se le exige lo mismo al periodismo? ¿Contar la condición humana es su misión? Sí y no. Depende del tipo de periodismo. La primera exigencia al periodismo es que cuente lo que ocurre, sin mentir, con la posibilidad fáctica de respaldar lo que dice. Su deber es decir la verdad, que no es poca cosa. La condición humana es el gran tema de la literatura, mientras la verdad es el tema del periodismo, y la verdad se relaciona fuertemente con las dinámicas del poder. Es por esto que el periodismo interactúa estrechamente con el poder político. López (2003) lo señala de la siguiente manera:

Las relaciones entre periodismo y poder han estado desde siempre al orden del día. La política se ha valido continuamente de los medios de comunicación para diferentes efectos: o para hacer divulgación ideológica; o para proselitismos específicos; o para controlar los imaginarios, y, con ellos, las reacciones sociales; o, incluso, para ocultar información apartando la atención del público de los temas que requiere vedar. (p. 18)

La relación entre el periodismo y el poder es fuerte, y determina una gran cantidad de productos creados con propósitos políticos o económicos. Es en los años sesenta cuando se habla de un nuevo tipo de periodistas, los periodistas literarios. Usan las técnicas narrativas de la literatura para contar historias verdaderas. Menciona López:

[…] suele persistirse en que el componente literario del reportaje se refiere concretamente al aspecto formal, al tratamiento estético de las palabras. Me parece que es ésta una verdad a medias porque hay otro rasgo esencial que comparten literatura y reportaje; a saber: la vocación de indagar en profundidad la condición humana. (p. 18)

Así es como aparece la condición humana en el horizonte de expectativas de un nuevo periodismo, el literario. Los periodistas no solo empezaron a emplear de manera marcada las técnicas narrativas literarias, sino que también se posicionaron desde el foco narrativo del oficio literario, ocasionando que las historias no necesariamente estuvieran restringidas por el interés político dominante o su oposición; ahora, las historias tienen un significado en sí mismas, como expresión de la condición humana. La frontera entre la literatura y el nuevo periodismo se adelgaza: parece que la diferencia inmediata se reduce a que los periodistas poseen una investigación en la que soportan la verdad de lo que cuentan, mientras los literatos no la necesitan (pueden usarla, la usan en muchas ocasiones, pero no es una necesidad del oficio). Los periodistas literarios empiezan a tejer, anudando con la verdad.

En este encuentro entre periodismo y literatura habitan una serie de elementos que caracterizan al nuevo periodismo; entre ellos, el simbolismo

El periodismo literario y el simbolismo

Norman Sims, en el prólogo a Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal, menciona algunas características del periodismo literario de acuerdo con entrevistas realizadas a diversos escritores del género. En el último punto de su prólogo, «Las máscaras de los hombres», pregunta por «Las realidades simbólicas», y el escritor Rhodes responde:

Mis ojos aterrizan ahí cada vez que recorro la página. Para mí eso ha sido de una importancia tremenda. La revelación de los asuntos trascendentales del universo, el sentido de que detrás de la información hay estructuras profundas, ha sido central en todo lo que he escrito.

El simbolismo es una cualidad trascendental de la historia; es decir, un significado que no se agota ni depende absolutamente de ella. Lo simbólico es trascendental porque corresponde a la condición humana, lo que significa que hay un sentido (más o menos) universal, compartido como rasgo vital de nuestra especie. Por ejemplo: las guerras se deben a circunstancias históricas particulares, pero el miedo, el dolor y la angustia provocados por ellas trascienden toda particularidad histórica para referir un estado del ser humano en medio de un acontecimiento bélico.    

Esta preocupación por las «estructuras profundas» es el principal cambio del nuevo periodismo. No es ya la preocupación por el poder, por resguardar determinados discursos políticos, por la oposición, por el sesgo panfletario; se trata de la divulgación de la vitalidad, de acontecimientos individuales que son extrapolables a otros individuos porque son seres humanos. La idea clásica de que el lector se puede reflejar en una obra literaria se convierte en una posibilidad del nuevo periodismo.

Esta preocupación por las «estructuras profundas» es el principal cambio del nuevo periodismo. No es ya la preocupación por el poder, por resguardar determinados discursos políticos, por la oposición, por el sesgo panfletario.

El nuevo periodismo y la literatura se aproximan; sin embargo, hay diferencias importantes. El literato puede inventar lo que le convenga a su propósito, mientras el periodista debe elegir entre los hechos que se le presentan. La selección de estas historias se guía por un criterio que López llama dimensionalidad: «circunstancias y situaciones que permiten revelar aspectos profundos de la condición humana» (p. 22). Este criterio surge como respuesta a la transformación de un criterio inicial, el de la noticiabilidad: el carácter actual de los acontecimientos. Elegir una historia con dimensionalidad es elegir una historia que permita revelar el simbolismo, que sea capaz de comunicar sus sentidos incluso en épocas posteriores. En este sentido, no todos los acontecimientos revelan con la misma facilidad su dimensión simbólica, aunque el periodista literario tiene la pericia y la sensibilidad para encontrarla. 

Un aclamado exponente del nuevo periodismo es Truman Capote, quien sabe revelar muy bien el simbolismo en reportajes como el de «Una hermosa criatura», presente en el libro Música para camaleones.

Marilyn Monroe en el ojo de Truman Capote

El 28 de abril de 1955, en la capilla de la Universal Funeral Home en la Avenida Lexington (Nueva York), acude un grupo de celebridades al tributo a la actriz inglesa Constance Collier, quien murió el día anterior. Allí está Marilyn Monroe, la «hermosa criatura». El texto de Capote es una conversación con la celebridad en un contexto protocolario, en el que no pierde de vista (como el agudo periodista literario que fue) la individualidad de Marilyn: sus inconvenientes y preocupaciones. 

Marilyn: Quedémonos aquí sentados, por favor. Esperemos a que salga todo el mundo.
TC: ¿Por qué?
Marilyn: No quiero tener que hablar con nadie. Nunca sé qué decir. (p. 126)

La gran celebridad no quiere «tener que» hablar con las personas. Nos imaginamos a Marilyn Monroe en aprietos. Yo me la imagino en aprietos sociales como a mi gran amigo de secundaria, un tipo para nada popular. Nosotros nos amistamos en la impopularidad. Marilyn y mi viejo amigo tienen algo en común. ¡No lo habría imaginado jamás! Una frase en la boca de Marilyn fue suficiente para que Capote nos mostrará su humanidad. 

Marilyn: Por favor. Hay un montón de fotógrafos ahí abajo. Y, desde luego, no quiero que me tomen fotografías con esta facha.
TC: No te lo reprocho.
Marilyn: Has dicho que tenía un aspecto estupendo.
TC: Y lo tienes. Sencillamente, perfecto…, si estuvieras interpretando La novia de Drácula.
Marilyn: Ya te estás riendo de mí.
TC: ¿Tengo yo pinta de reírme?
Marilyn: Te estás riendo por dentro. Y ésa es la peor clase de risa. (Frunciendo el ceño; mordisqueándose la uña del pulgar). En realidad, podría haber llevado maquillaje. Veo que toda esa otra gente lleva maquillaje.
TC: Yo sí. Gotitas.
Marilyn: Lo digo en serio. Es el pelo. Necesito un tinte. Y no he tenido tiempo de dármelo. Todo ha sido tan inesperado, la muerte de miss Collier y demás. ¿Ves?
(Levantó un poco el pañuelo, mostrando una franja oscura en la raya del pelo.)
TC: Pobre inocente de mí. Y todo este tiempo pensando que eras rubia natural.
Marilyn: Lo soy. Pero nadie es así de natural. Y, de paso, que te follen. (p.126)

La celebridad está insegura. No quiere fotografías porque desconfía de su aspecto. ¿Marilyn Monroe desconfía de su aspecto? Lo mismo ocurría con mi amigo de secundaria. Que le ocurriera a él es entendible, pero ¿a Marilyn? El público adoraba su imagen y ella renegaba de su aspecto. Hay una tensión entre la figura pública Marilyn Monroe y la persona Norman Jean Mortenson (su nombre de pila). El simbolismo aparece

Al periodista no le preocupan las ofertas laborales que ha recibido Marilyn ni su opinión por un acontecimiento noticiable. No quiere hacer de esa conversación una noticia. Todo lo que le interesa es atender a una verdad que trasciende hacia lo humano. Gracias a ese simbolismo es que consigo asemejar la conducta de la mujer célebre con la de mi viejo amigo. Si el texto consistiera en un reportaje sobre la vida agitada de la celebridad, sobre sus rutinas y sus compromisos profesionales, no revelaría nada sobre la condición humana, sino todo sobre Marilyn: una noticia de farándula

Es cierto que el reportaje de Truman Capote tiene un respaldo: la protagonista. La presencia de Marilyn Monroe le da relevancia al texto y le aporta ciertas facilidades. Todos conocen a la protagonista, no necesita presentación. Sin embargo, esa misma ventaja de la historia plantea dificultades: el periodista debe luchar contra la figura pública para encontrar lo que sea extrapolable a los lectores, de manera que su reportaje no sea relevante solo por tratarse de Marilyn, sino porque cuenta lo que no se ha dicho de ella. Y contar lo que no se ha dicho no significa construir el típico escenario de la pretenciosa invasión de la vida privada en los hogares de las celebridades, sino entrar en el conflictivo hogar de la personalidad. 

Si con la ventaja de Capote al tener a una protagonista como Marilyn Monroe debió afinar el ojo para enhebrar la aguja, mucho más audaces deben ser los periodistas que nos cuentan las historias de personajes desconocidos o marginales. Para los textos del nuevo periodismo, el simbolismo es la textura de los hilos con los que tejen, y esa textura debe asemejarse a la piel humana. 


Documentos citados

Capote, T. (1975). Una hermosa criatura. En Música para camaleones. Descargado de: https://literaprofe.files.wordpress.com/2010/08/musica-para-camaleones-truman-capote1.doc

López Cáceres, A. J. (2003). Los siete pecados del periodismo literario. En Entre la pluma y la pantalla: Reflexiones sobre la literatura, Cine y Periodismo. Universidad del Valle. 

Sims, N. (Comp.). (1984). Prólogo. En Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal.


Imagen de cabecera tomada de Arthur Halucha en Pixabay.