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¿Qué es el minicuento?
Citas de autores que lo definen

Si nos imaginamos el cuento como una pelota de fútbol y el minicuento como una pelota de béisbol, podríamos pensar que quizás el impacto que recibe el lector será mayor en el caso del minicuento.

Jorge Medina

Un diminuto hombre lee bajo una lámpara del bosque las definiciones sobre el minicuento publicadas en este texto. Imagen de ClaudiaWollesen en Pixabay

Un libro es imprescindible cuando abordamos el tema del minicuento: Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos (2009), de Violeta Rojo. La autora venezolana realizó una magnífica antología de minicuentos que acompañan su despliegue teórico acerca de lo que es esa forma literaria que se escabulle entre los intersticios de la crítica. En su Breve manual tenemos la fortuna de contar con algunas de las mejores definiciones del minicuento realizadas por diversos autores. Aquí recordamos algunas de esas definiciones variadas en rigor y tacto literario.

Para empezar, minicuento es una cosa llamada de muchas maneras. Violeta Rojo menciona algunas de ellas, entras las que, evidentemente, coexisten la voluntad conceptual y el desprecio. Es así como tenemos que al minicuento se le ha llamado:

  • Arte conciso
  • Brevicuento
  • Caso (Anderson Imbert)
  • Cuento breve
  • Cuento brevísimo
  • Cuento corto
  • Cuento cortísimo
  • Cuento diminuto
  • Cuento en miniatura
  • Cuento escuálido
  • Cuento instantáneo
  • Cuento más corto 
  • Cuento rápido
  • Fábula
  • Ficción de un minuto
  • Ficción rápida
  • Ficción súbita
  • Microcuento
  • Microficción
  • Microrrelato
  • Minicuento
  • Minificción
  • Minitexto
  • Relato corto
  • Relato microscópico
  • Rompenormas
  • Texto ultrabrevísimo
  • Ultracorto
  • Varia invención (Juan José Arreola)
  • Textículos
  • Relato enano
  • Embrión de texto
  • Resumen de cuento
  • Cagarruta narrativa
  • Chistecitos
  • En Estados Unidos: short short story; short shorts; shortsy; very shorts


Definiciones en el Breve manual de Violeta Rojo

Ante la difícil tarea de definir un minicuento, Armando José Sequera se queja:

Como ante la belleza o el amor, es posible saber cuando estamos frente a un minicuento, pero nos resulta sumamente complicada su conceptuación.

Juan Armando Epple es menos literario:

Lo que distingue a estos textos como relatos es la existencia de una situación narrativa única formulada en un espacio imaginario y en su decurso temporal, aunque algunos elementos de esta tríada (acción, espacio, tiempo) estén simplemente sugeridos.

Dolores Koch distingue el minicuento del microrrelato, manifestando que el primero es un cuento muy corto, mientras que el segundo es:

Un tipo de relato extremadamente breve. Se diferencia del cuento en que carece de acción, de personajes delineados y, en consecuencia, de momento culminante de tensión (…) No se ajusta a las formas breves de la narración tradicional como la leyenda, el ejemplo, la anécdota.

Como juego ingenioso del lenguaje, se aproxima al aforismo, al epigrama y a la greguería. Posee el tono de monólogo interior, de la reveladora anotación de diario, de la voz introspectiva que se pierde en el vacío y que, al mismo tiempo, parece querer reclamar la permanencia de la fábula, la alegoría, el apólogo. El desenlace de este relato es generalmente una frase ambivalente o paradójica, que produce una revelación momentánea de esencias.

Por este motivo, pudiera decirse que participa del lirismo del poema en prosa, pero carece de su vaguedad ensoñadora. Se acerca más bien a la circularidad y autosuficiencia del soneto. Porque trata de esencias, participa también de la naturaleza del ensayo. Se distingue de éste, sin embargo, porque algún detalle narrativo lo descubre como ficción.

¡Vaya contraste el que plantea Koch! Sin dolores aleja al minicuento del microrrelato, pero a este lo acerca al aforismo, al epigrama, a la greguería, a la fábula, a la alegoría, al apólogo, al poema en prosa (más despierto porque carece de «vaguedad ensoñadora»), al soneto y al ensayo (aunque de este último se aleja porque algún detalle narrativo lo revela como ficción). 

¿Recuerdas la definición de Sequera? Llena de encanto literario. Pues ahora des-encanta el matemático. El minicuento es: 

Un texto narrativo con sentido completo, en el que se cuentan una o más acciones, en un espacio no mayor de veinticinco renglones, contentivo cada renglón de no más de sesenta caracteres, esto es, una cuartilla.

Ilustremos. El minicuento según Armando José Sequera:

(1 texto narrativo + n acciones)/25 renglones ≤ 60 caracteres = 1 minicuento 

Mejor volvamos a definiciones que suman retórica y restan precisión.

Alba Omil y Raúl Piérola lo describen de la siguiente manera:

El minicuento es una travesura donde se combinan inteligencia, palabra, destreza y cierta dosis de magia dentro de una estructura rigurosa, para extraerle a la expresión todos los valores posibles; (…) es, en apariencia, anécdota pura, o narración condensada, pero sólo en apariencia.

Otros piensan en el régimen alimenticio de esta forma literaria; es así como Domingo Milian concluye que se nutre de la anécdota:

El minicuento se nutre esencialmente del ritmo vertiginoso de la anécdota, esa suerte de macrohistoria cotidiana en la cual se lee el transcurso de las colectividades, por debajo de la historia grande y pesada de los tratadistas que inventan mitos a partir de héroes mayores.

Antonio Fernández se une a las metáforas orgánicas y, en un giro repentino (como los clásicos giros minicuentistas), nos sorprende con un fenómeno atmosférico. Expresa que el minicuento es:

La página única como unidad respiratoria del manuscrito literario; la lectura instantánea, de “un tirón”, abarcadora de todo un relámpago narrativo que se percibe en su mínima expresión posible pero con la máxima intensidad.

No sorprenden estas metáforas orgánicas y atmosféricas a la hora de definir un texto que se identifica por su habilidad para la transformación, su carácter proteico. Para Charles Johnson, el minicuento es «capaz de adaptarse a cualquier forma: el esbozo, la fábula, la parábola, una transcripción de diálogo, una lista…», y Stuart Dybeck define este carácter proteico como «esa tierra de nadie que está entre la prosa y la poesía, la narrativa y la lírica, la historia y la fábula, la broma y la meditación, el fragmento y la totalidad…».

Enrique Anderson-Imbert no se esfuerza y acepta la metamórfica condición de esta forma de escritura, porque no solo el minicuento es así de inasible, este rasgo de carácter lo hereda del cuento. Para Anderson-Imbert, el cuento es «cualquier página que decidamos llamar cuento», de lo que podemos concluir que un minicuento es cualquier cuarto de página que decidamos llamar minicuento. 

Lo mismo da que sea una página, un cuarto de página, un cuarto o una pelota. Violeta Rojo (cuyo nombre parece el bellísimo apelativo asignado por algún minicuentista) ofrece su primera definición en una combinación bastante precisa entre el juego literario y la jerga especializada:

Tenemos una pelota llamada cuento. Esa pelota narra una historia ficcional, de tal manera que es como si el autor estuviera lanzándola a un contrincante. El contrincante es el lector. La pelota es pequeña (extensión), se lanza de un solo impulso (unicidad de concepción), se recibe de una sola vez (unicidad de recepción), el lector siente un impacto (intensidad del efecto), porque lo que atrapa es redondo, sólido, fuerte (economía, condensación, rigor). 

Ahora bien, si nos imaginamos el cuento como una pelota de fútbol y el minicuento como una pelota de béisbol, podríamos pensar que quizás el impacto que recibe el lector será mayor en el caso del minicuento, ya que la masa está más concentrada y adquiere más velocidad, por ende, golpea más fuerte.

¡Qué tiestazo, Violeta Rojo!

Cómo se sudan lo sesudos literatos definiendo este engendro que gobierna el décimo círculo del infierno, destinado para los críticos. Después de todo, la autora llega a una conclusión para dar una definición global:

El minicuento es una narración sumamente breve (no suele tener más de una página impresa), de carácter ficcional, en la que personajes y desarrollo accional están condensados y narrados de una manera rigurosa y económica en sus medios y a menudo sugerida y elíptica. El minicuento posee carácter proteico, de manera que puede adoptar distintas formas y suele establecer relaciones intertextuales tanto con la literatura (especialmente con formas arcaicas) como con formas de escritura no consideradas literarias.

¡Qué difícil es definir a este Samsa de la literatura! ¡Propongo que los llamemos samsas, sin más ni más!

Si llegaste hasta aquí, te invitamos a leer los mejores minicuentos publicados en Magalico.


Documento citado

Todas las definiciones son tomadas del libro de Violeta Rojo:

Rojo, V. (2009). Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos. Equinoccio.