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La Policía en Univalle:
una fotografía para la posteridad

La fotografía magnifica toda esta complejidad, exacerba la injusticia. Debajo del mural, en ese espacio en el que imaginariamente estaría el cuerpo del estudiante (en nuestra continuidad gráfica del pensamiento), hay seis miembros del cuerpo policial.

Jorge Medina

El 23 de abril la Policía se toma la Universidad del Valle. Desconozco al autor de la fotografía.

Las paredes de la Universidad del Valle son de piedra, como las lápidas, pero no entierran a los muertos, los plantan en la memoria de las generaciones que pasan por sus aulas; son semillas de palabras, trazos y colores contra el rígido silencio de los muros. Del mural de Jhonny Silva espera cosecharse el recuerdo de un crimen de Estado para plantar cara a la terrible injusticia de ser un estudiante asesinado por un policía al interior de la universidad.

En esta apelación al tiempo vemos el rostro de Jhonny con un gesto que oscila entre la parquedad y la tristeza. Parece haber un atisbo de reflexión. Tristeza y reflexión, un sentimiento y una acción del pensamiento que dotan al perfil de un movimiento interior: es el pálpito del recuerdo. A su lado, una palabra grande: «Justicia». La define la RAE como «Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece», y también: «Derecho, razón, equidad». Dar o hacer justicia son actos humanos, y aquí empieza el problema. Para aminorar el dilema moral de quién debe impartir justicia y bajo qué criterios, se ha creado un marco legal que permita tomar decisiones sustentadas en el derecho, la razón y la equidad; sin embargo, las leyes no son necesariamente justas y, cuando lo son (o parecen serlo), quienes las aplican no son necesariamente justos. El problema de la justicia pervive.

En esta apelación al tiempo vemos el rostro de Jhonny con un gesto que oscila entre la parquedad y la tristeza. Parece haber un atisbo de reflexión. Tristeza y reflexión.

Jhonny fue estudiante de química, por eso en el mural se alude al ADN, al movimiento de las partículas, a las estructuras de la química orgánica. La vida física y química se encuentra con la vida social. A nivel orgánico ocurren una serie de episodios determinados por la naturalidad de sus acciones. En ocasiones, nuestros actos intervienen en ellos: un disparo, por ejemplo; el veneno cayendo desde el aire, por no decir más; el alimento alejado de las bocas, por decir algo. Sin embargo, sería un exabrupto pedir justicia a las partículas. Nosotros, complejo socioquímico, habitamos en el entramado de nuestras acciones. Sobre nosotros recae el peso o el alivio de la justicia. 

La fotografía magnifica toda esta complejidad, exacerba la injusticia. Debajo del mural, en ese espacio en el que imaginariamente estaría el cuerpo del estudiante (en nuestra continuidad gráfica del pensamiento), hay seis miembros del cuerpo policial. La persona que accionó el obturador sabe muy bien lo que capturó para nosotros. Me lo imagino frente a la escena, impactado por esa realidad como el primero en ver una fotografía que aún no existe, pero se visiona. La imagen viva frente a sus ojos lo interpela: ¿pasarás de largo? ¡Solo el miedo nos haría pasar de largo! 

La persona que accionó el obturador sabe muy bien lo que capturó para nosotros.

El fotógrafo (a quien desconozco y le agradezco) injertó la semilla de luces y sombras, que es la fotografía, con la de palabras, trazos y colores, que es el mural. Esta nueva semilla plantada en la memoria nos traslada 17 años hacia el pasado. Allí vemos a un agente del Estado disparando un arma que no debe portar. Jhonny cae. Levantamos la mirada y 17 años adelante vemos a 6 agentes, de la misma institución policial, debajo del mural que pide justicia para el crimen que se acaba de cometer. Entonces, el tiempo y la justicia nos interpelan: ¿hasta cuándo?