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Alambre
de púas

Parece no haber un punto en común entre la lucha por la vida, por la sobrevivencia, en el contexto del «lugar de barbarie» que fue Auschwitz como campo de concentración, y un debate sobre las formas culturales de la sobrevivencia, en el contexto de un «lugar de cultura» que es hoy Auschwitz como museo del Estado.

Traducido del portugués por Juan Sebastián Mina

Imagen tomada de «Cascas»
Tomado de Cascas.

Título: Cascas

Autores: Ilana Feldman y Georges Didi-Huberman

Traducción al portugués: André Telles 

Este galpón del campo de Auschwitz fue transformado en un local comercial: vende guías, videos, libros con testimonios, obras pedagógicas sobre el sistema de los campos de concentración nazis. Venden hasta un cómic de segunda categoría, que parece contar la pasión entre una prisionera y un guarda del campo. Sin embargo, es temprano para alegrarnos completamente. Auschwitz, como lager, lugar de barbarie, sin duda fue transformado en un Lugar de cultura, Auschwitz «museo del Estado», y así es mejor. El asunto está en saber de qué género de cultura ese lugar de barbarie se convirtió en espacio público ejemplar. 

Parece no haber un punto en común entre la lucha por la vida, por la sobrevivencia, en el contexto del «lugar de barbarie» que fue Auschwitz como campo de concentración, y un debate sobre las formas culturales de la sobrevivencia, en el contexto de un «lugar de cultura» que es hoy Auschwitz como museo del Estado. Pero lo hay. Es que el lugar de barbarie fue posibilitado —una vez que fue pensado, sustentado por la energía física y espiritual de todos aquellos que en él trabajaron negando la vida de millones de personas— por una determinada cultura: una cultura antropológica y filosófica (de raza, por ejemplo), incluso una cultura estética (lo que hace que dijeran, por ejemplo, que un arte podía ser «ariano» y otro «degenerado»). La cultura, por lo tanto, no es la cereza del pastel de la historia; desde siempre es un lugar de conflictos en el que la propia historia gana forma y visibilidad en el corazón mismo de las decisiones y los actos, por más «bárbaros» o «primitivos» que sean. 

Imagen tomada de «Cascas»
Tomado de Cascas.

Yo caminaba paralelo a los alambres de púas cuando un pájaro vino a posarse cerca de mí. Junto a mí, pero del otro lado. Tomé una foto, sin pensar mucho, probablemente contagiado por la libertad de aquel animal que serpenteaba las cercas. El recuerdo de las mariposas dibujadas en 1942, en el campo de Theresienstadt, por Eva Bulova, una pequeña de doce años que moriría aquí, en Auschwitz, a inicio de octubre de 1944, posiblemente me vino a la cabeza. Pero hoy, observando esa imagen, percibo una cosa bien distinta: en segundo plano corre el alambre de púas eléctrico del campo, con el metal oscurecido por el óxido y dispuesto según la «trama» bastante peculiar que no vemos en el alambre del primer plano. El color de este último —gris claro— sugiere que fue instalado recientemente. 

Comprender eso me apretó el corazón. Significa que Auschwitz como «lugar de barbarie» (o campo de concentración) instaló los alambres del fondo en 1940, mientras que los alambres del primer plano fueron dispuestos por Auschwitz como «lugar de cultura» (o museo), recientemente. ¿Por qué razón? ¿Sería, acaso, para orientar el flujo de los visitantes, usando el alambre como «color local»? ¿O para «restaurar» una cerca degradada por el tiempo? No lo sé. Pero siento claramente que el pájaro posó entre temporalidades terriblemente dispares, dos gestiones bien diferenciadas del espacio y de la historia. Sin saberlo, el pájaro pasó entre la barbarie y la cultura.