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Último poema de Víctor Jara:
«Estadio Chile»,  «Canto quÉ mal me sales» o «Somos cinco mil»

«El poema de Víctor salió libre del Estadio Nacional, venció al fascismo y ganó la libertad. El militar que le asesinó creyó que mataría su voz, pero Víctor no murió, murió para vivir, vivirá para siempre en el corazón de los pueblos».

Jorge Medina

Víctor Jara, último poema de Víctor Jara
Fotografía de Víctor Jara: tomada de Elpensador.io

Cuenta Boris Navia que el 12 de septiembre de 1973, a las siete de la mañana, una bala de cañón de 120 milímetros despertó a los refugiados en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Técnica del Estado (UTE), en Chile. Allí estaba Víctor Jara, quien cantó durante la noche del 11 de septiembre para levantar el ánimo de las casi mil personas que se resguardaban en esa «casa de estudios de orgulloso perfil izquierdista».

Boris Navia es el nombre de la persona que salvó el último poema o la última canción de Víctor Jara. ¿Poema o canción? Poema que puede ser cantado. Poema y canción compuesta sin más música que la de la angustia y el dolor que debió sentir en ese momento. No podríamos decir que no son poemas las canciones de Víctor Jara.

A las cinco de la tarde los trasladaron al Estadio Chile, hoy Estadio Víctor Jara. 

Yo te enseñaré, hijo de puta, a cantar canciones chilenas, no comunistas.

Así recibió un oficial al reconocido intérprete de la nueva canción chilena.

Cuenta Boris que el oficial desenfundó su pistola, «estábamos horrorizados porque pensábamos que le iba a descerrajar un tiro». 

Víctor no se quejaba, ni pidió clemencia, tan sólo miró con su rostro campesino al torturador fascista, que le golpeó con el cañón del arma y su pelo se empapó de su sangre, al igual que su frente, sus ojos… La expresión de su rostro ensangrentado quedó grabada para siempre en nuestras retinas.

El 15 de septiembre se enteraron de que a dos o tres personas las dejarían en libertad. Era la oportunidad de enviar mensajes a sus familiares con estas personas.

Víctor estaba sentado entre otro compañero de la UTE y yo y me pidió un papel. Le di dos hojas de una libreta cuyas tapas aún conservo y escribió hasta que de repente dos soldados llegaron y le condujeron a una caseta de transmisión, aunque antes logró entregarme los dos papeles sin que se dieran cuenta. 

A las seis de la tarde, cuenta Boris, reconocieron el cuerpo de Víctor Jara «entre una cincuentena de cadáveres acribillados». 

(Este testimonio permitiría concluir que el asesinato del poeta y cantante ocurrió el 15 de septiembre; sin embargo, el proceso judicial determinó que «el día 16 de septiembre de 1973, se procedió al traslado de todos los detenidos del Estadio Chile, con excepción de Víctor Lidio Jara Martínez y de Littré Quiroga Carvajal, oportunidad en que se dio muerte a Víctor Lidio Jara Martínez, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 impactos de bala, según se precisa en el respectivo informe de autopsia»).

Boris Navia y un grupo de personas fueron trasladados al Estadio Nacional. Allí abrió por primera vez la libreta, y descubrió las últimas palabras escritas por Jara: poema y canción que se conoce como «Estadio Chile», «Canto qué mal me sales» o «Somos cinco mil».

Al instante comprendimos su importancia e hice dos copias como pude con dos cajetillas de cigarrillos.

Días después, Boris les entregó a un médico y a un estudiante que saldrían en libertad las copias del poema, y le pidió a «un viejo zapatero» que le ayudara a ocultar las dos hojas manuscritas por Jara en la suela de su zapato derecho.

Le pidió a «un viejo zapatero» que le ayudara a ocultar las dos hojas manuscritas por Jara en la suela de su zapato derecho.

En los controles para salir de ese recinto macabro, los militares descubrieron la copia que llevaba el estudiante. Boris había escrito «una pequeña introducción» (al parecer firmada), razón por la que lo ubicaron, lo aislaron y lo requisaron hasta descubrir las dos hojas ocultas en su zapato.

Me interrogaron y me torturaron y pensé que mientras más soportara la tortura, más posibilidades habría de que la segunda copia saliera del Estadio. No lograron arrancarme ninguna palabra sobre ella y así el poema de Víctor salió libre del Estadio Nacional, venció al fascismo y ganó la libertad. El militar que le asesinó creyó que mataría su voz, pero Víctor no murió, murió para vivir, vivirá para siempre en el corazón de los pueblos.

«Estadio Chile», «Canto qué mal me sales» o «Somos cinco mil», último poema de Víctor Jara

Somos cinco mil aquí, 
en esta pequeña parte de la ciudad. 
Somos cinco mil. 
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país? 
Somos aquí diez mil manos 
que siembran y hacen andar las fábricas. 
¡Cuánta humanidad 
con hambre, frío, pánico, dolor, 
presión moral, terror, locura! 
Seis de los nuestros se perdieron 
en el espacio de las estrellas. 
Un muerto, uno golpeado como jamás creí 
se podría golpear a un ser humano. 
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, 
uno saltando al vacío, otro golpeándose la cabeza contra el muro, 
pero todos con la mirada fija en la muerte. 
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo! 
Llevan a cabo sus planes 
con precisión artera sin importarles nada. 
La sangre para ellos son medallas. 
La matanza es acto de heroísmo. 
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío? 
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo? 
En estas cuatro murallas sólo existe 
un número que no progresa, 
que lentamente querrá más la muerte. 
Pero de pronto me golpea la conciencia 
y veo esta marea sin latido 
y veo el pulso de las máquinas 
y los militares mostrando su rostro de matrona 
lleno de dulzura. 
¿Y México, Cuba y el mundo? 
¡Que griten esta ignonimia! Somos diez mil manos menos que no producen. 
¿Cuántos somos en toda la patria? 
La sangre del compañero Presidente 
golpea más fuerte que bombas y metrallas. 
Así golpeará nuestro puño nuevamente. 
Canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto. 
Espanto como el que vivo, 
como el que muero, espanto 
de verme entre tantos y tantos 
momentos de infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto. 
Lo que nunca vi, 
lo que he sentido y lo que siento 
hará brotar el momento…

[Los subrayados son míos]

Apuntes sobre la versión del poema

El último poema de Víctor Jara se publicó por primera vez en Chile en la hoguera: crónica de la represión militar (1974) de Camilo Taufic. Sin embargo, la versión que se publicó en el artículo «El último aliento de Víctor Jara» de Mario Amorós, que constituye la fuente del presente relato de Boris Navia, no corresponde a la primera edición, pues contiene los rasgos de la versión que se publicó en 1983 en el libro Víctor Jara, un canto truncado de Joan Jara, la viuda de Víctor.

Estas diferencias son referidas directamente por Camilo Taufic en el artículo «El poema final de Víctor Jara» (2006). Explica Taufic:

Aparte de los cineastas franco-americanos, que están filmando en Santiago en estos días un documental sobre la historia de la Nueva Canción Chilena durante la UP, hay unas diez o doce páginas de música y literatura en Internet, con origen en diversos países, que atribuyen la publicación inicial del último poema de Víctor Jara al libro «Chile en la hoguera» (1973). Pero cuando reproducen aquellos versos afiebrados y lúcidos del cantautor bajo el título «Estadio Chile», citan el texto contenido en otro libro, el de Joan Jara, «Víctor Jara, un canto truncado», publicado diez años más tarde, en 1983, en Londres y Madrid.

(Taufic en su artículo refiere que su libro se publicó en 1973; sin embargo, como se constata en el siguiente registro fotográfico de la nota sobre este libro publicada en El Centro [diario de Talca, Chile; septiembre 6 de 2019, p. 29.], el libro se publicó por primera vez en 1974, y posteriormente se reeditó en 2003 con el título Chile en la hoguera, 1973: instantánea del golpe militar. De allí la aparente confusión del autor).

Camilo Taufic advierte que entre las dos versiones del poema hay dos diferencias fundamentales, y otras que son «compatibilizables». 

Para entender estas diferencias, es necesario conocer el origen de la versión obtenida por Taufic:

El poema me llegaría semanas después a la capital platense por vía indirecta -ya mecanografiado-, a través de miembros de una organización guerrillera argentina. Los portadores me contactaron como periodista, cuando iniciaba el exilio junto a miles de chilenos.

Este origen incidió en ciertas decisiones que tomó Taufic que determinaron aquella primera publicación del poema.

Las diferencias fundamentales son las siguientes, aclara Taufic:

Joan incluyó un extraño verso de Víctor Jara, que se refiere a los militares que torturaban y disparaban sobre los prisioneros en el Estadio Chile como «mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura…» (sic). Lo que está lejos de ser una ironía en el contexto. A mí me pareció un error de transcripción en 1973, por lo cual corté esa línea y dejé sólo una que decía: «y los militares mostrando su rostro». Punto.

¿Por qué tomó esta decisión?

—[…] yo tenía razones periodísticas para dudar cuando recibí copia del texto.

¿Cuáles eran esas razones?

—En aquellos mismos días (fines de 1973) se habían publicado en Buenos Aires, con gran bombo, unos versos de Pablo Neruda, como si hubieran sido escritos en Isla Negra o en la Clínica Santa María, pocos días antes de que el vate muriera, el 23 de septiembre de 1973, y no en las páginas del «Canto general», de donde en realidad provenían.

Alguien de «buena voluntad» había tomado el poema «Las satrapías» de la obra maestra de Neruda, y había puesto los nombres de Nixon, Frei, Pinochet, Garrastazu y Banzer, donde el poeta se refería a «tiranos» de 1948, como Truman, Trujillo, Somoza, Carias, Miriñigo y Natalicio, con palabras cargadas de vitriolo. Oportunamente aclaramos esa superchería en diarios de Buenos Aires, celebrando -eso sí- el «buen uso» propagandístico que se había dado al poema. Pero desde allí quedamos escaldados en cuanto a «poemas póstumos».

Así que dudó de que esos versos fueran originalmente de Jara, basándose en el caso de Pablo Neruda.

—En todo caso, reconozco que suprimir en el «Estadio Chile» de Jara ese raro verso de «la cara dulce de matronas» de los militares, que tampoco les hace ningún favor a ellos, fue un acto de arbitrariedad de mi parte, del que me arrepiento 33 años después.

¿Había posibilidad de que sí los hubiese escrito Víctor?

—Joan Jara tiene una explicación atendible: durante su convivencia con el cantautor supo del temor que le causaban las matronas a Víctor en su niñez campesina, a quienes no asociaba con la nueva vida, sino con los gritos desgarradores de las parturientas, posiblemente tan atroces como los que escuchaba en las sesiones de tortura en el Estadio Chile.

La segunda diferencia fundamental es sobre el final del poema:

Joan Jara, que está por sobre cualquier sospecha de aplicar censura (y se encargó de aclarármelo expresamente hace algunos días, en su oficina de la Fundación Víctor Jara, en la Plaza Brasil), no incluyó el verso final, porque no figuraba entre los materiales también mecanografiados que ella recibió, y el que yo sí reproduzco, en que el cantautor llamaría a «hacer brotar al momento… de la sangre un fusil».

Esta omisión del verso final en la versión del libro Víctor Jara, un canto truncado de Joan Jara se debe al origen de la versión que ella recibió. Indica Camilo Taufic:

Joan nunca llegó a ver el original escrito al borde de la muerte por su esposo en el Estadio Chile, que hoy lleva el nombre de Víctor Jara. Le fue entregada una transcripción en París, también a fines del 73, por un grupo de mujeres parejas de los Quilapayún. Otra copia le fue enviada desde EEUU, por carta de una académica de la Universidad de Pittsburgh. Pero en ninguna de esas dos versiones -me aseguró esta semana, con su encanto intacto- estaba el último verso, cuya existencia real sostiene el autor de esta crónica.

¿Por qué confió en la autenticidad de este último verso en la versión que recibió?

—[…] hasta el día de hoy creo que la primera versión que llegó a mis manos del poema «Estadio Chile» de Víctor Jara era la auténtica. La que incluye la invocación al «fusil», aunque sus más próximos aseguran hasta hoy que el cantautor era «pacifista» en sus composiciones.

Entonces, existen razones para sospechar de su autenticidad, pues Víctor Jara era un pacifista.

—No tanto en sus últimos momentos, a mi juicio, si se observan los versos en que alude en el Estadio Chile a «la sangre del compañero Presidente» y a los «puños» que golpearan «más fuerte que bombas y metrallas»…

Y aún más: quizás en la canción más convocante de Víctor Jara, «La plegaria del labrador», esté la clave: «Levántate, y mira la montaña… Sopla como el viento / la flor de la quebrada. / Limpia como el fuego / el cañón de mi fusil»… ¿Puede caber alguna duda?

¿Nunca sospechó de esa autenticidad como lo hizo respecto al verso del «rostro de matrona»?

—[…] durante años creí que tal vez los amigos argentinos portadores de aquella primera versión, que me la entregaron en secreto como militantes de una organización guerrillera peronista ligada a montoneros, habían agregado por su cuenta lo del FUSIL, por esa irrefrenable característica humana: ver hasta las partes más pequeñas de la realidad «según el cristal con que se mira» al conjunto…

¿Hay una razón más para creer en la autenticidad de ese verso final?

—[…]  durante la filmación en el estadio de mi testimonio para el documental de los gringos, que se llamará «There will be not revolution without song», un cantautor que estuvo prisionero en el Estadio Chile junto a Víctor Jara, hasta sus últimas horas, me dio una razón musical poderosa para justificar la inclusión del «fusil».

¿Cuál es esa explicación musical?

—[…] en su último poema, Víctor Jara exclama: «Ay, canto que mal me sales, cuando quiero cantar, espanto». Y de allí en adelante cambia de ritmo y de métrica, con toda claridad, hasta concluir… o interrumpirse.

«¿No se parecen estos últimos versos a algunos de Violeta Parra?», pregunté inocentemente durante la filmación del documental al experimentado folclorista Eduardo Yáñez, también presente en el set. Y éste me contestó: «Claro, pues. Víctor Jara quiso hacer en esta parte una décima, como la típica de ‘Volver a los 17’ de Violeta Parra, en la que tienen que rimar entre sí los versos 1º, 4º y 5º; el 2º con el 3º; donde el 6º es libre, pero debe rimar a su vez con el 7º y el 10º.

Y entonces examiné los diez últimos versos de Víctor Jara, según los publicados originalmente en «Chile en la hoguera» (1973), con el siguiente resultado:

¡Ay, canto, qué mal me sales!
¡Cuándo tengo que cantar espanto!

DÉCIMA:

Espanto como el que vivo,
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento…
harán brotar al momento… (borroneado en el original)
10º de la sangre, un fusil…

¿Qué significa «borroneado en el original»?

Lo de «borroneado en el original» (puesto por terceros, en Argentina o Chile), que vi yo con mis propios ojos en la primera versión mecanografiada del poema de Víctor Jara, confirmaría que «no le estaba saliendo» la letra del canto como él hubiera querido, aquella tarde del viernes 14, y en las antesalas de su fusilamiento al día siguiente, que él preveía.

Tales son las dos diferencias fundamentales entre la versión bastante conocida publicada por Joan Jara en Víctor Jara, un canto truncado (1983) y la de Camilo Taufic publicada en Chile en la hoguera: crónica de la represión militar (1974), según las palabras de Taufic.

Nota bibliográfica

Para la descripción de los hechos centrales sobre cómo salió del estadio el último poema de Víctor Jara (todo lo que va antes de los «Apuntes de la versión del poema»), se empleó el testimonio de Boris Navia publicado por el periodista español Mario Amorós en el artículo «El último aliento de Víctor Jara» (2004). La edición consultada es la publicada en la página web del Centro de Estudios Miguel Enríquez (CEME): Archivo Chile: documentación de historia político social y movimiento popular contemporáneo de Chile y América Latina.