Tríptico de la Historia: fotografías en el paro nacional

Toda foto, como cualquier lengua, tiene un alcance limitado para abarcar la condición humana; aun así, es suficiente para adivinar el parpadeo del sentido de la vida, porque la imagen del pasado es una luz sobre la sombra del «ahora». Con esto, las fotos que hacen parte de este tríptico no son más que breves destellos que se impregnaron en mí y revolvieron un deseo frenético por hablar de ellos. Son dos historias que me han embaucado, ¿dos?, ¿acaso no es un tríptico?

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«El gallo de oro», de Juan Rulfo: un breve comentario

La obra muestra el drama de un campesino mexicano que lucha contra el destino que él anheló y forjó. Esto es Dionisio vs. Dionisio. Es un choque entre las fuerzas de la humildad contra las de la ambición en un escenario rural marcado por el azar y el rebusque. Es ahí en donde la miseria alcanza distintas formas que se engullen con sendos tragos de tequila. Esta obra de Rulfo es el réquiem de quien marcha hacia la ausencia.

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Alambre de púas

La traducción de André Telles fue publicada originalmente en la «Revista Serrote» n.º 13, del Instituto Moreira Salles, a cuyos editores, la Editora 34, agradece. Bajo los árboles de Auschwiitz-Birkenau, desde la perspectiva arqueológica se hace evidente el horror punzante que el museo Institucionaliza como Historia.

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“Los chicos de la Nickel”: entre la bonhomía y la supremacía racial

Los personajes parecen tener un destino fallido, y la esperanza se desvanece en las paredes de ese mundo del reformatorio que parece ser un prototipo de la nación norteamericana: violento, socarrón, hipócrita, consumido por sus propios miedos. Ese es uno de los aciertos de la novela: es una radiografía en bruto de años de terror y sus consecuencias en las vidas que pasaron por él.

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Entre gestos: el matrimonio y una botella plástica

Los bisoños Aarón y Rivkeh, según la descripción al pie de la foto, se encontrarán por primera vez en sus vidas. Esta pareja no es la excepción que rompe la regla, es la regla: su matrimonio estaba pactado. De hecho, los jóvenes solo se habían reunido una vez antes de la boda, pues lo tenían prohibido.

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Astillas 3: ¿y si mañana es como ayer?

Tras los barrotes de la única ventana que daba a la calle en el pabellón de internos, J. escuchó la risa de una niña que le recordó su propia risa cuando él caminaba del brazo de su madre. Pensó en aquella niña, la bocaza abierta, un campo virgen, y la vio sembrada de banderas blancas, unas distantes de las otras, como cuando él y sus amigos jugaban a conquistar y defender territorios.

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Contacto pretencioso

Contactopretencioso Juan Sebastián Mina Este minicuento es como una partida de ajedrez. Imagen de cabecera tomada de Pixabay. Un hombre negro muere en prisión tras haber sido condenado porque, según…

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Las 12 velas

A las cantaoras no se les permitía cantar. Esa noche no, no en su casa, dijo doña Maristela al salir de la cocina. Las mujeres argumentaban que la sombra se perdería, que el ancestro se quedaría esperando, que el alma del muchacho vagaría sedienta por este mundo.

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Astillas 2: «El Pelusa»

Llegó a casa con la pelota debajo del sobaco. Se quitó los guayos antes de entrar, como se lo había enseñado su madre, quien, seguramente, estaría trabajando. Pensó que algún día pagaría las cuentas para que ella descansara en el sofá. El piso estaba frío. Fue a la cocina, encendió la luz y se quitó la camiseta celeste con franjas que un día fueron blancas.

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Si si kumbalé

Hoy murió la abuela y el gato cerró sus ojos y el palo de mango que está en medio del patio amaneció enfermo. Una lástima. La abuela se levantaba todas las mañanas y le cantaba al gato y al árbol: Si si Kumbalé, le. Banma, banma le, le...

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Astillas 1: la pandemia del covid-19
Astillas: La pandemia del covid-19

Astillas 1: la pandemia del covid-19

Confieso que llorar en pandemia cambió la percepción de mi vida. La pandemia redujo mi infancia a una mera complicidad lejana entre el desconocimiento y la fortuna de ser el primer hijo, el anhelado nieto y sobrino consentido.

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¡Llegaste al final!

Ten paciencia: ¡solo son segundos!