“Los chicos de la Nickel”: entre la bonhomía y la supremacía racial

Los personajes parecen tener un destino fallido, y la esperanza se desvanece en las paredes de ese mundo del reformatorio que parece ser un prototipo de la nación norteamericana: violento, socarrón, hipócrita, consumido por sus propios miedos. Ese es uno de los aciertos de la novela: es una radiografía en bruto de años de terror y sus consecuencias en las vidas que pasaron por él.

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Astillas 3: ¿y si mañana es como ayer?

Tras los barrotes de la única ventana que daba a la calle en el pabellón de internos, J. escuchó la risa de una niña que le recordó su propia risa cuando él caminaba del brazo de su madre. Pensó en aquella niña, la bocaza abierta, un campo virgen, y la vio sembrada de banderas blancas, unas distantes de las otras, como cuando él y sus amigos jugaban a conquistar y defender territorios.

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Contacto pretencioso

Contacto pretencioso Juan Sebastián Mina Un hombre negro muere en prisión tras haber sido condenado porque, según la mujer blanca que lo denunció, no le cedió el paso en una…

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Las 12 velas

A las cantaoras no se les permitía cantar. Esa noche no, no en su casa, dijo doña Maristela al salir de la cocina. Las mujeres argumentaban que la sombra se perdería, que el ancestro se quedaría esperando, que el alma del muchacho vagaría sedienta por este mundo.

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Astillas 2: «El Pelusa»

Llegó a casa con la pelota debajo del sobaco. Se quitó los guayos antes de entrar, como se lo había enseñado su madre, quien, seguramente, estaría trabajando. Pensó que algún día pagaría las cuentas para que ella descansara en el sofá. El piso estaba frío. Fue a la cocina, encendió la luz y se quitó la camiseta celeste con franjas que un día fueron blancas.

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Si si kumbalé

Hoy murió la abuela y el gato cerró sus ojos y el palo de mango que está en medio del patio amaneció enfermo. Una lástima. La abuela se levantaba todas las mañanas y le cantaba al gato y al árbol: Si si Kumbalé, le. Banma, banma le, le...

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Astillas 1: la pandemia del covid-19
Astillas: La pandemia del covid-19

Astillas 1: la pandemia del covid-19

Confieso que llorar en pandemia cambió la percepción de mi vida. La pandemia redujo mi infancia a una mera complicidad lejana entre el desconocimiento y la fortuna de ser el primer hijo, el anhelado nieto y sobrino consentido.

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¡Llegaste al final!

Ten paciencia: ¡solo son segundos!