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«Ser negro es provenir de los primeros seres humanos
que caminaron sobre la faz de la tierra»

Ser negro es provenir de los primeros seres humanos que caminaron sobre la faz de la tierra, es hacer parte de una raza que creó los primeros mayores grados de civilización; significa descender de Imhotep, de Hatshepsut, de Mansa Musa, de un Egipto faraónico; significa descender de imperios como Kuba, Malí, el Ndongo, Etiopía, el imperio de Ghana, de Songhay, del gran Zimbabue.

Jorge Medina

Henry Arenas Valencia
Henry Arenas Valencia en las instalaciones de La Palabra, año 2019. Porta la camisa del equipo de futbol de Ghana, la primera nación africana en independizarse. Sobre la mesa, El legado robado: la filosofía griega es filosofía egipcia robada de Georges G. M. James.

En 2019 yo me preguntaba si era negro. No era una pregunta nueva, pero emergió de las «irrelevantes cuestiones cotidianas» para ocupar un primer plano. En junio de aquel año me dirigí a las instalaciones del periódico La Palabra para conversar con Henry Arenas Valencia, sociólogo egresado de la Universidad del Valle, un hombre negro que estudia la negritud basado en una convicción: «Los africanos y las africanas debemos conocernos para volver a levantarnos y estar en el lugar que merecemos».

«¿Soy negro?», me preguntaba mientras caminaba hacia el lugar donde entrevistaría a Henry. Lo conozco desde hace muchos años. Nos cruzamos en la carrera de sociología y fue la primera persona que me planteó directamente un interrogante sobre mi condición racial: «Si vas por la calle y te encuentras a un grupo de blancos que tienen evidentes ganas de golpearte y atrás de ti hay un grupo de negros, ¿qué haces?, ¿no te adhieres al grupo de personas negras que serían las únicas que te recibirían en ese momento?». 

La pregunta no fue exactamente así, pero su sentido es el mismo. Respondí que evitaría el enfrentamiento: «Me retiro, no quiero peleas». Los escenarios imaginarios adolecen de falta de detalles, y uno los va generando imaginariamente hasta crear una escena que quizá nunca ocurra o una reacción que jamás tendríamos. Sin embargo, estas preguntas calan hondo y nos animan reflexiones. Me lo he preguntado muchas veces y no tengo una respuesta para eso. Henry, si estás leyéndome ahora, te digo: «No lo sé, espero que nadie tenga que golpearse, y que nadie tenga que permitirse ser golpeado por haber nacido envuelto en una piel». A diario nos enfrentamos a diversas situaciones en las que debemos decidir, y muchas de ellas nos recalcan que, si bien las razas no existen, el racismo sí, y el racismo hiere, oprime, mata.

«Ser negro –respondió Henry– es provenir de los primeros seres humanos que caminaron sobre la faz de la tierra, es hacer parte de una raza que creó los primeros mayores grados de civilización; significa descender de Imhotep, de Hatshepsut, de Mansa Musa, de un Egipto faraónico; significa descender de imperios como Kuba, Malí, el Ndongo, Etiopía, el imperio de Ghana, de Songhay, del gran Zimbabue. Es decir, no se limita a una experiencia particular en el tiempo».

Ser negro significa descender de Imhotep, de Hatshepsut, de Mansa Musa, de un Egipto faraónico; significa descender de imperios como Kuba, Malí, el Ndongo, Etiopía, el imperio de Ghana, de Songhay, del gran Zimbabue.

Ya en este punto Henry dio muestra del talante con el que asume su negritud. Aquí es cuando muchos fallan, me explicó: «Ser negro no se limita a una experiencia particular en el tiempo que mucha gente puede ubicar desde 1500 y ahí es donde las personas hacen un mal análisis en la medida de lo que es ser negro. Parten de “ah no, ser negro es haber nacido por el problema de la esclavización y haber resistido…” No, espere un momentico, una cosa es la historia de Europa en África, otra la de los árabes en África y estos son apenas dos de los procesos de colonización que hubo en África. Parten como si la historia africana naciera cuando ellos fueron allá, pero cuando África tenía las grandes civilizaciones, los europeos, los árabes y mucha gente no habían aparecido».

La negritud se asume con conciencia histórica. Por eso, el conocimiento de la historia demarca momentos clave a partir de los cuales uno se define, y esa definición está empotrada en el imaginario sobre los acontecimientos. Henry dio el ejemplo perfecto para entenderlo. Me refirió que cuando va a dar charlas a los colegios les dice a los estudiantes: «Si a usted constantemente le dicen que ser negro es ser esclavo, es provenir de la colonia, ser negro es el maltrato, es ser de lo peor, ¡usted no quiere ser negro! Pero si a usted le dicen que resulta que los negros fueron los que inventaron la matemática, resulta que los negros inventaron la medicina, resulta que la geometría también es africana, resulta que los negros inventaron los idiomas, resulta que los negros inventaron la literatura, la orfebrería, ¡entonces la cosa cambia».

¿Y cómo no va a cambiar la cosa si ya no se mira al esclavo, sino al creador? Pero es información que no se sabe. Henry me refuta: «¡Se sabe, está bastante documentado!, pero hay toda una producción intelectual para blanquear ese origen de la humanidad. Esto lo explica un autor tan importante como Chancellor Williams en un libro impresionante que se llama The destruction of black civilization: great issues of a race from 4500 B. C. to 2000 A. D.

Si a usted constantemente le dicen que ser negro es ser esclavo, es provenir de la colonia, ser negro es el maltrato, es ser de lo peor, ¡usted no quiere ser negro!

»En uno de los capítulos se plantea que hay una guerra que se da a partir del lapicero y de la producción intelectual en la cual muchos de los textos se encargan, por ejemplo, de decir que la humanidad no nació en África, que Egipto era una sociedad y una civilización blanca o árabe, pero no negra africana. Entonces hay siempre unos personajes muy puntuales que se encargan de tergiversar la información y eso tiene su nombre, eso se llama racismo. ¿Por qué? Porque el racismo lo que hace, en su expresión genocida, es destruir todo un pueblo. ¿Y usted cómo empieza a destruir todo un pueblo? Por su historia. Cuando usted corta la raíz y deja a un pueblo sin historia lo está destruyendo».

¿Y usted cómo empieza a destruir todo un pueblo? Por su historia. Cuando usted corta la raíz y deja a un pueblo sin historia lo está destruyendo.

Recuerdo que cuando era niño una tía de mi padre me decía «negrito», yo rabiaba, lloraba en ocasiones con esa impotencia de los niños al no poder atacar a un adulto. ¿Qué era ser negro en la mente de ese niño? ¡Es tan fácil aprender las ideas coloniales! Le pregunté a Henry: ¿qué es aceptar la negritud? Me respondió: «Cuando se habla de aceptar la negritud tiene que ver con lo que hemos estado hablando. Está haciendo referencia a que las personas acepten su origen, su cultura, su personalidad, su forma de ser, su acento, sus características físicas. Es complicado en la medida en que, primero que todo, hay mecanismos que son herencia de toda una sociedad colonial que hacen que la gente no quiera aceptar esa negritud, y también hay mecanismos para que la gente no entienda tampoco qué es la negritud. Entonces acabamos en un ambiente complejo en el cual algunas personas que se aceptan parten desde donde no es: “Sí… yo… eh… de los esclavos… de La esclava blanca, la novela, las películas, el sabor”, cosas que podríamos decir light, estereotipos, además de un concepto erróneo de la aceptación: acepto lo que me conviene, pero quiero ser un negro más claro o quiero ser una negra más clara, quiero tener la nariz distinta, quiero tener la boca distinta, quiero que mi pelo no sea tan duro, no quiero hablar tan negro. Algunas veces cuando se aceptan es para obtener ciertos beneficios, en ciertos momentos me reconozco y en otros no; cuando puedo sacar beneficios, sí, cuando me van a discriminar, entonces no».

Reconocerse para obtener beneficios, negarse para huir de la discriminación. Existe algo llamado discriminación positiva, un punto de encuentro y desencuentro entre quienes aceptan o rechazan las políticas de inclusión de las minorías étnicas. Le pregunté sobre la discriminación positiva, me respondió que «es una demanda totalmente legítima porque la filosofía de la discriminación positiva, que también es llamada de otras formas y, de hecho, este nombre es conflictivo incluso para mí, también es llamada acciones afirmativas, políticas de reparación, y yo diría que el más global es el de acciones afirmativas, es legítima porque estas políticas buscan reducir las brechas de desigualdad que existen en una sociedad que ha determinado, de manera racional, leyes en pro de la destrucción de ciertos grupos.

»Uno escucha que dicen, por ejemplo, que no deberían existir las acciones afirmativas, ¡y yo estoy de acuerdo!, no deberían existir siempre y cuando estuviéramos en una sociedad netamente igualitaria. Cuando las personas plantean que eso es seguir fomentando el racismo no entienden que la desigualdad se trabaja sobre políticas desiguales, no con políticas igualitarias porque, precisamente, no somos iguales. No estamos en sociedades donde todo el mundo es mestizo, no estamos en sociedades donde todo el mundo es igual; estamos en sociedades de diferencias, y producto de procesos históricos particulares estamos todos reunidos en un solo lugar, en este caso Colombia, pero no quiere decir que todos seamos iguales. Como argumento central yo diría: la desigualdad se ataca con políticas desiguales».

Uno escucha que dicen, por ejemplo, que no deberían existir las acciones afirmativas, ¡y yo estoy de acuerdo!, no deberían existir siempre y cuando estuviéramos en una sociedad netamente igualitaria.

Es común escuchar que las personas negras no deberían discriminarse para no ser discriminadas. Aquí hay un error de razonamiento. Las personas negras no se discriminan, han padecido la discriminación en diversos ámbitos de su vida por una misma razón: nacer con la piel negra. Lo digo y me parece estar leyendo alguna novela de fantasía en la que un grupo de seres extraños causan el miedo de la gente. La idea es la misma, pero esta es la realidad. Ciertamente, ese rechazo es absurdo.

Nacer con la piel negra puede limitar tu vida. Hay millones de personas limitando la vida de otras por el color de la piel: ¿alguien alguna vez pudo decidir qué color de piel ponerse para venir al mundo? Las personas negras no se discriminan para recibir favores, no necesitan hacerlo, ya están discriminadas; reclaman justicia social. Cuando tu vida suma decenas de experiencias de rechazo, sabes que no te están tratando igual y que, por ende, has perdido oportunidades y podrás seguir perdiéndolas por no haber podido decidir nacer con un color de piel «agradable».

Ojalá todo fuera parte de esa novela de fantasía, pero no lo es, y esto es grave. Henry me refirió aquella vez que «cuando estamos hablando de racismo no estamos hablando de cualquier cosa, nosotros estamos hablando del genocidio; son nuestras vidas las que están en juego y eso es necesario que las personas lo entiendan. A veces creen que cuando hablamos de racismo es porque somos acomplejados o estamos quejándonos a toda hora. Es lo contrario, queremos vivir de manera digna, nosotros ni siquiera vivimos, nosotros estamos sobreviviendo, no hemos llegado al plano de vivir, nosotros sobrevivimos y estamos cansados de sobrevivir, y más cuando sabemos de dónde venimos, sabemos quiénes somos, sabemos qué le hemos dado a Colombia y, sobre todo, qué le hemos dado a la humanidad».

Henry cree que una de las formas para combatir el racismo es la información; por ejemplo, explicar que la historia de África no se reduce a la historia de Europa en África. Me compartió ese día una idea interesante: «Así como el racismo penetra todas las esferas de la vida social, asimismo esa información tiene que penetrar todas las esferas de la vida social». La sociedad está llena de espacios en los que se pueden crear estos lugares de reflexión, porque la reflexión es un lugar en el que convergen el pensamiento, el espacio, el tiempo y la voluntad de aprender y transformar. Esta es la razón por la que traigo a Magalico las palabras que Henry me refirió en 2019, para dejar huella en los lectores.

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