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El oro y las agujetas:
defensa y contradicción de Cristóbal Colón

¿De qué se alaba don Cristóbal? De su defensa solidaria, gran veedor del buen comercio. No puede ser que a los «indios» se les quitara el oro a cambio de vidrios y agujetas.

Jorge Medina

Cristóbal Colón.
La cara de Cristóbal Colón leyendo este texto de Magalico. Imagen de aalmeidah en Pixabay

Cristóbal Colón (1962) describe los intercambios comerciales entre su gente y los nativos del Abya Yala en la carta con la que anuncia el descubrimiento del «nuevo mundo». Sobre los oportunistas canjes de los españoles que engañan a los habitantes desnudos escribe heroicamente: 

Yo defendí que no se les diesen cosas tan viles como pedazos de escudillas rotas y pedazos de vidrio roto y cabos de agujetas; aunque cuando ellos esto podían llevar los parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otro, de otras cosas, que muy menos valían, mucho más. (p. 9)

¿De qué se alaba don Cristóbal? De su defensa solidaria, gran veedor del buen comercio. No puede ser que a los «indios» se les quitara el oro a cambio de vidrios y agujetas, pero ¿qué pensaron los «indios»? ¿No pensaron acaso que escudillas rotas, pedazos de vidrio y cabos de agujetas eran extravagantes adquisiciones? La defensa de Colón se fundamenta en los valores de su cultura. Esta es una de las tantas situaciones en las que se revela el complejo encuentro entre los «dos mundos».  

Esta es una de las tantas situaciones en las que se revela el complejo encuentro entre los «dos mundos».  

¿No daríamos nosotros, ahora, anillos, cadenas y relojes a cambio de las extrañas agujetas de los visitantes del espacio exterior? La comparación parece excesiva, pero de esta magnitud fue aquel encuentro y desencuentro en la historia de la humanidad. Don Cristóbal se cree defensor porque se siente en la capacidad de defender, no como protector de la bondad, sino de su poder. La defensa también puede ser una forma de imposición. Quizá Colón no era consciente de que su punto de vista estaba culturalmente sedimentado, tampoco era consciente de sus contradicciones, y por eso confiesa más adelante:

Y luego que llegué a las Indias, en la primera isla que hallé, tomé por fuerza algunos dellos para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes; é así fue que luego entendieron y nos a ellos, cuando por lengua o señas; y estos han aprovechado mucho; hoy en día los traigo siempre y están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que haya habido conmigo. (p. 9)

Que los tomó por la fuerza, dice don Cristóbal, dieciocho líneas después de defenderlos. Acaso porque llegó del cielo y se asemeja a su dios: iracundo y misericordioso. 

¿Te gustan estos temas sobre decolonialidad y culturas indígenas? Quizá quieras leer «No es realismo mágico, es transculturación: la cultura wayuu en Cien años de soledad».


Documento citado

Colón, C. Anunciando el descubrimiento del nuevo mundo (15 de febrero-14 de marzo 1499). Gráficas Yagues, S. L.